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“Oraré por ti” Lo decimos con sinceridad, pero ¿cumplimos nuestra palabra? “Oraré por ti,” dijo David Johnson, un hombre de negocios de Filadelfia, a su vecino Wesley. Wesley luchaba con una decisión sobre un cambio de carrera que le exigiría más estudio y que le quitaría tiempo con su familia. Esperaba la dirección clara de Dios, preferiblemente en forma de una beca para la universidad en su ciudad. David entendía la confusión que reinaba en el corazón de Wesley y quería comunicarle un sentimiento de compañerismo espiritual. “Quería ofrecer el peso de mis oraciones para hacer un contrabalance a la carga de Wesley,” confesó David. “Sin embargo, yo tenía muchas necesidades propias. Estaba acostumbrado a que otros me pidieran que orara por ellos; los demás me perciben como una persona sincera.” Wesley dice, “Pensé en el momento que era fácil hacer promesas, pero ¿sería sincero David? No quería estar solo en mi decisión, era demasiado crucial y urgente.” “Con demasiada ligereza dejé salir la frase de mi boca,” confiesa David ahora. “Tenía la intención de cumplir, pero sencillamente fallé.” Wesley no recibió la beca. No obstante, se matriculó en el programa de estudios universitarios y se endeudó más de lo que había esperado. David vio a Wesley luchar por varios años en su carrera y su matrimonio por el estrés de la situación. “Una vez que vi a Wesley luchando,” dice David, “Me sentía tan culpable por no haber orado por él que me daba vergüenza aun preguntarle cómo seguía; me daba pena animarle a seguir adelante y confiar en Dios. Al final, tomé una decisión: Nunca volvería a decir ‘Oraré por ti’ sin comprometerme específicamente a hacerlo en cierto lugar y tiempo. Tampoco prometeré una cosa tan importante a un amigo sin involucrarme personal y emocionalmente en el resultado.” Actualmente, David aparta media hora dos veces por semana para orar por las peticiones de sus amigos, y otra hora semanal para hacer llamadas telefónicas para asegurar a estas personas que está orando por ellos y para expresarles amor cristiano. Nuestro mandato espiritual “La oración es el medio que Dios ha escogido para permitirnos participar en la obra de su reino,” comenta Roberto Vogel, profesor asociado de homilética y decano asociado académico del Seminario Occidental (Western Seminary) en la ciudad de Portland, Oregon. “Cuando te comprometes a orar por una persona, aunque sólo la conozcas casualmente, el acto de orar por ella te acerca a esa persona. Dios hace algo en tu corazón por medio de esa experiencia.” Vogel señala Santiago 5:16 como el pasaje clásico sobre la intercesión: “Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para ser sanados. La oración fervorosa del hombre bueno tiene mucho poder.” (VP) Cuando los amigos de Job intentaron erradamente explicar sus sufrimientos, Dios les mandó ofrecer un holocausto, luego instó a Job a orar por ellos. Ellos lo hicieron, y Job oró, y “después que Job oró por sus amigos, Dios le devolvió su prosperidad anterior, [y aún le dio dos veces más de lo que antes tenía.]” “Los amigos de Job no le consolaron mucho,” dice Vogel. “En contraste, vemos las oraciones de Jesús por otros, que fueron llenas de fe y poder.” Vogel señala que Jesús oró con y por sus discípulos poco antes que fuera crucificado y en el huerto de Getsemaní, motivado por la agonía que le esperaba—la separación de su Padre. “Los discípulos fallaron en el momento del sufrimiento profundo de Jesús,” dice Vogel. “Fue una de varias oportunidades en que dejaron de apoyarle en su necesidad.” Aunque sabía perfectamente bien que sus discípulos no serían fieles en velar y orar con El en el momento cuando más necesitaba de ellos, su oración por ellos no reflejaba ninguna actitud de desprecio: “Padre Santo, cuídalos con el poder de tu nombre. . . Conságralos a ti mismo por medio de la verdad.” Entonces Jesús nos incluyó a ti y a mí: “No te ruego solamente por éstos, sino también por los que después han de creer en mí al oir el mensaje de ellos. . . para que vean mi gloria. . . para que el amor que me tienes esté en ellos, y para que yo mismo esté en ellos.” (Jn.17:11,17,20,24,26 VP) Vogel dice, “En la playa después de la resurrección, Jesús repitió tres veces, ‘¿Me amas?’ Entonces comisionó a Pedro con una responsabilidad sobresaliente en el reino. Jesús manifestó una actitud amplia y generosa con el que le había negado.” Jesús dijo, “Si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra para pedir algo en oración, mi Padre que está en el cielo se lo dará. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mt.18:19,20 VP) Jesús anticipó que sus seguidores se reunirían en su nombre, poniéndose de acuerdo sobre las cosas que el Padre les daría abundantemente. Es más, Jesús afirmó esta verdad con tanta confianza como el punto culminante de un discurso pronunciado en respuesta a una discusión que surgió entre sus discípulos sobre cuál de ellos sería el mayor en el reino. Jesús les dijo que les sería dada potestad de atar y desatar y recibir cualquier cosa [que quisieran]. El modelo de nuestro Señor y el mandato que tenemos de orar unos por otros es liberal, incondicional, y sobreabundante. Entonces, ¿por qué no pedimos con más denuedo? con más confianza? más a menudo? ¿Por qué entramos desapercibidos en las reuniones de oración, insinuándonos silenciosamente en la fila de atrás? ¿Por qué compartimos penosamente nuestras peticiones? Cuando no son evidentes las respuestas Hay muchas razones por las cuales debemos orar gozosa y constantemente por nuestros amigos. La lluvia cae sobre los justos y los impíos por igual; la variedad de problemas es innumerable. Juana (Joan) Schultz es una consejera profesional en Bend, Oregón. Ella ha conocido todo el espectro de dolor en su profesión. Entre sus familiares y amigos, dice ella, “por alguna razón, este año me han pedido que ore por personas con cáncer. Estas personas se sienten abrumadas; la oración es la única cosa que pueden pedir de un amigo. Quieren saber que no seguiran solos [en su sufrimiento].” Schultz dice que cuando piden, ella responde positivamente. “Y lo tomo en serio,” afirma ella. “Pido a Dios que les dé fortaleza y valor para abrir cada célula de sus cuerpos a la sanidad. Heather me habló hace poco para decirme que se había hallado cáncer en tres partes más de su organismo. Como había estado orando por ella, pude responder en una forma animadora y apoyadora en lugar de sólo conmiserar con ella. No me doy fácilmente por vencida. Yo sé que la sanidad trasciende la enfermedad y la muerte, porque la vida es más que lo material.” “Esta gente sólo quiere ser real,” dice Schultz. “Así soy yo también. Ellos dicen claramente que tienen temor pero también están confiando en Dios. Anhelo conocer a otros que saben que la vida es para vivirla y que tienen un corazón para orar. Necesito su energía y su testimonio valiente aun cuando las respuestas no se pueden divisar.” ¿Orar? Sólo hazlo. Cuando uno tiene fuertes intereses en las respuestas, la vida de oración puede ser desconcertante. ¿Cómo podemos conseguir las respuestas que sentimos que Dios debe desear? David Ramsdale de los traductores bíblicos Wycliffe [El Instituto Lingüístico de Verano] de Waxhaw, Carolina del Norte, afirma estar bien acompañado cuando confiesa no tener fórmulas: “En Lucas, capítulo 11, aun los discípulos expresaron confusión sobre el tema,” dice Ramsdale. “Uno de nuestros misioneros, Ramón Rising, fue capturado de su motocicleta por un grupo guerrillero en Colombia, en 1994. Ese mismo año, uno de nuestros compañeros de oficina, T.J. Holley, fue diagnosticado con cáncer de los riñones. En todo el mundo, los hermanos comenzaron a orar por ambos hombres. El correo electrónico fue un medio principal para compartir la información. Mientras esperábamos la nueva de una liberación en Colombia, fue sanado el riñón de T.J.. Sin embargo, más adelante se descubrió otro cáncer en su cerebro.” Ramsdale visitó a T.J. cuando agonizaba en el hospital. “Le hallé con su sentido de humor y su fe en buen estado. T.J. estaba orando junto con todos los demás por Ramón. Días después, él escuchó la buena noticia con todos nosotros: Ramón había sido liberado. Parece que T.J. hubiese seguido con vida sólo para orar, porque dentro de pocas horas, se agravó y falleció.” ¿Por qué fue liberado Ramón para vivir y T.J. liberado para morir en el mismo día? Ramsdale se hace esta pregunta y luego responde, “No sabemos. La oración es una cosa sencilla y al tiempo profunda. Lucho con sus complejidades. Me maravilla su dinámica. Una cosa entiendo claramente: Dios quiere que nos involucremos con las personas por medio de la oración. Está esperando escuchar de nosotros.” Así que seguimos orando Lindy Warren, un editor que vive en Nashville, confiesa, “Tengo cuidado de decir que oraré por alguien. La oración es una cosa poderosa. No pienso que esa palabra se debe usar ligeramente. Este año, por primera vez en mi vida, me comprometí con firmeza a orar fervientemente por una petición especial. Uno de mis temas habituales de oración es por la perseverancia de mi hermana en su matrimonio; ahora he decidido orar específicamente por la salvación de mi cuñado. Estoy pidiendo a las personas que me conocen bien a acompañarme en esta petición—no sólo una vez, sino con constancia. Todos los días.” Fijar metas de oración Ken Johnson, pastor de la iglesia Westside de Bend, Oregón, ha fijado metas para aumentar el tiempo que dedica a la oración, y ha pedido a tres grupos (la directiva de su iglesia, su grupo de discipulado, y un grupo personal) que lo vigilen en esto. “Estas personas me dicen, ‘la oración es la cosa más importante que tú puedes hacer’. Ahora llevo la cuenta del tiempo que ocupo en oración, para que no sea una cosa indefinida. He cambiado de orar dos horas por semana a cuatro horas y medio, y mi meta es orar seis horas por semana.” Johnson sigue el patrón del templo antiguotestamentario. “Comienzo con acciones de gracias y alabanza. Cada día inicio el día dando gracias por 10 cosas…. Esto me dispone para todo el día a tener un corazón de gratitud. Luego vienen el arrepentimiento y el perdón, entonces la intercesión.” El horario semanal de oración del Pastor Johnson se organiza por temas. “Los lunes oro por la semana que comienza; oro sobre mi agenda. Repaso mis metas para el mes y el año, y oro por dirección para mi vida.” Los martes, ora por cada miembro de su familia; los miércoles por individuos – miembros de la iglesia, o amigos. Johnson dice, “Cuando alguien me pide que ore, lo cual ocurre a menudo después del culto, le pido que me escriba una carta resumiendo sus pensamientos sobre la petición. Otras veces, anoto sus peticiones en un papelito, junto varios papeles con una grapa y los pongo en mi bolsillo o mi cuaderno. Saco estas notas y las cartas los miércoles. Las peticiones de largo alcance—como por la salvación de un pariente—anoto en mi cuaderno, dejando un espacio para escribir la respuesta.” Los jueves, el Pastor Johnson ora por el “staff” de la iglesia y su grupo de discipulado; los viernes por sí mismo. “Eso es cuando repaso mi diario personal,” dice. Los sábados ora por asuntos de la iglesia y el ministerio; y los domingos por el mensaje.” “Soy algo super-organizado, pero Dios interrumpe mi rutina de vez en cuando, y he aprendido a escucharle. Un martes, cuando oraba por mi familia, la siguiente a mencionar era mi hija Kristin, y sentí que Dios me decía, ‘Quédate aquí en oración un tiempo’. Luego sentí que Dios quería que orara por gracia sobre su vida, y así lo hice.” El día siguiente, Ken Johnson recibió una llamada telefónica. A Kristin se le había volteado el carro; fue destruido por completo. “Los paramédicos nos dijeron que era una cosa increíble,” reporta el pastor. “La única parte del carro que no fue aplastada fue justamente donde estaba sentada Kristin. No fue sino hasta el día siguiente que entendí que había sido una respuesta a mis oraciones.” Johnson cuenta de un sábado cuando él y su esposa esperaban a unos amigos y él sintió un impulso fuerte a orar—fue tan fuerte el sentimiento que miró el reloj. Eran las 9:15 AM. “Me detuve y oré,” cuenta. “Cuando llegaron nuestros amigos, nos contaron que su carro había deslizado donde la carretera pasaba por un desfiladero y se detuvo apenas a unos centímetros de un precipicio al lado del río. Cuando pregunté a qué hora había ocurrido esto, ¡me contaron que fue a las 9:15 de la mañana! Así que,”concluye el pastor, “si Dios interrumpe la rutina, detente y ora como El dirige.” La bella paradoja de la oración La oración es práctica—pero también misteriosa. La oración puede ser altamente organizada—o urgente y apremiante. El poder de la oración es inagotable, sin embargo no se puede negar que la oración también puede ser ordinaria y común. El hecho de que Dios espera que participemos en las vidas de nuestros hermanos por medio de la oración es uno de los aspectos más emocionantes y privilegiados de ser miembros del cuerpo de Cristo. La próxima vez que te sientas a orar, recuerda la generosidad del ejemplo y las promesas de Jesús. Piensa en hermanos como Juana Schultz, David Ramsdale, Lindy Warren, y Ken Johnson—personas que se conectan con Dios para llevarle peticiones tan comunes o tan dramáticas como las tuyas. Y la próxima vez que digas, “Oraré por ti,” cobra valor. Orar es posicionarte para avanzar. No importa si eres tímido o valiente, orar es tomar el reino un paso a la vez. Traducido de ‘‘I’ll Pray For You’’, Autora: Marlee Alex, Revista Moody, Sept./Oct. 1997, pp. 41-43,83 Por: Esteban Irwin, sin permiso para uso particular del Instituto Misionero Transcultural. Prohibida la venta o explotación comercial de cualquier forma.
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