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El poder de Dios es como el motor de la avioneta Autora: Margarita Jank ha sido misionera entre los yanomamö de Venezuela desde 1962. Ahora se dedica a la traducción de las Escrituras. ¡Saludos desde Yanomamölandia! Ya regresé de la "Gran Sabana de Parima" donde estuve por unos días, trabajando con Samuelito y disfrutando de las frescas brisas. Tenía mucho material de Éxodo que revisar. Aunque terminamos más rápido de lo que me había imaginado, también fue tan difícil como había temido cuando enfrentamos la tarea de darle definición a cosas que el yanomamö nunca se ha visto obligado a definir – cosas tales como las medidas de volumen y distancia, medidas de tiempo y peso: cosas acerca de las cuales nunca han sentido la necesidad de ser específicos. Por eso mismo, nunca han desarrollado un sistema de numeración más complejo que “uno”, “dos”, “unos pocos”, “muchos” y “muchísimos”. Cuando llegamos al punto de traducir exactamente cuánto maná recogía cada persona todas las mañanas, o exactamente cuán larga, ancha y alta era el arca del testimonio o exactamente qué día de cuál mes de cuál año fue erigido el tabernáculo en el desierto, el resultado final parece a menudo voluminoso y torpe. Lo que salva la situación es que la meta es presentar el mensaje en un formato que representa sus propios patrones de lenguaje: se coloca un marco general primero, y luego se llena con los detalles. Aún así, ellos pueden terminar pasando por alto los detalles (¡tal como también lo hacen a menudo en la vida real!), pero por lo menos los detalles no interfieren con un claro entendimiento de qué estaba ocurriendo. Es un alivio ver que, a pesar de las dificultades, el chequeo de comprensión que hacemos confirma que ¡el mensaje se está comunicando con claridad! Gracias por sus oraciones. Me encanta ver a Samuelito sentado a mi lado, inmerso en sus pensamientos, organizando mentalmente todos los detalles de un pasaje de las Escrituras en su cabeza después de haberle leído una sección. He aprendido a apreciar esas interminables pausas que hace, y a esperar con los dedos sobre el teclado sus declaraciones: "Lee esa parte de nuevo, vuelve allá, al principio. Creo que necesitamos cambiar algo..." El otro día le estaba leyendo un pasaje a Samuelito, que se refería a cómo los israelitas habían sido liberados de Egipto por "la diestra poderosa del Señor". Fue por el poder de Dios que ellos pudieron despojar a sus vecinos, salir de Egipto y cruzar con seguridad el Mar Rojo. Samuelito ponderó eso por un momento: "Hmm. Moisés era el que los dirigía y ellos debían responder a lo que él les decía, pero realmente fue el poder de Dios que hizo que todo se cumpliera. Era algo así como subirse en una avioneta". No pude hacer la conexión de lo que quería decir con solo oír este comentario general. Pero él siguó con la segunda fase del pensamiento: rellenar con los detalles: "Bien, el piloto es el que maneja todo allá adelante con el tablero de instrumentos que tiene frente a él. Mueve cosas, y jala y empuja cosas, y ajusta cosas y nunca sabemos qué está haciendo. Sólo nos sentamos allí y permanecemos orando. Únicamente viajamos con él, y él nos lleva a donde necesitamos ir, así como Moisés guiaba al pueblo. Pero, realmente el piloto no es el que manteniene la avioneta en el cielo por su propio poder. Es el motor que realmente hace el trabajo. El motor es como el poder de Dios, que hace que ocurran las cosas..." “¡Ojalá fuera el motor de la avioneta tan confiable como es el poder de Dios!” pensé yo. Gracias por su compañerismo en este gran trabajo. ¡Continúen orando! |
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