Versiculos Misioneros

Plumas blancas en el cabello, preocupación en la cabeza

Autora: Margarita Jank ha sido misionera entre los yanomamö de Venezuela desde 1962. Ahora se dedica a la traducción de las Escrituras.

Cabelludo, el capitán de la villa de Obowaca, se deslizó silenciosamente en la sala hace un par de noches y se paró un poco alejado de mi silla hasta que lo notara. Tenía un aspecto completamente impresionante, pintado en los tonos púrpura oscuro de los visitantes, con unas pocas largas plumas blancas en su cabello. "¿Están todos bien en tu pueblo?" le pregunté, intrigada por conocer el propósito de su visita. Hacía muchos meses que no lo había visto. Él respondió. "Bien, algunos de nosotros tenemos síntomas de malaria, pero la mayoría estamos bien. Pero vine a preguntarte sobre otra cosa. ¿Es la Palabra de Dios la verdad? ¿Realmente va a hacer lo que Él dice? ¿Habrá fuego y destrucción...?" Mientras vacilé por un momento, pensando por dónde comenzar, él continuó: "¡Estamos aterrorizados! ¿Quién nos dirá qué está pasando?"

Estuve un rato con él, entonces, como ya era muy tarde, le sugerí que hablara con el capitán Pedro sobre sus inquietudes, ya que de todas maneras es costumbre hablar con los visitantes toda la noche. La mañana siguiente Cabelludo se fue al amanecer, y fueron Pedro, el capitán [cacique, jefe], y otros de nuestro pueblo los que me envolvieron en su discusión. La gente de la aldea del capitán Cabelludo habían oído acerca de una devastadora tormenta eléctrica y temblores en Boletateli e inmediatamente comenzaron a preguntarse asombrados si el fin del mundo venía sobre ellos. Entonces Pedro y los otros gastaron una buena parte de la noche hablando con él, y de hecho, prometieron ir a su pueblo para pasar unos días enseñando la Palabra de Dios. Nadie se cohibió por el hecho de que ninguno de ellos nunca había intentado enseñar los conceptos básicos en una aldea como Obowaca, donde ninguna verdad básica había sido oída, sino que de una vez comenzaron a hacer los preparativos para su viaje. Pedro era el organizador y Cecilio quería ir con él también, así como Mateo, Joaquín, Ricardo, Abel y Timoteo.

Todos ellos pueden leer, a su propia manera limitada. Aunque algunas veces he oído a algunos de ellos exponer un pasaje breve de la Biblia, por lo general no son lo suficientemente ordenados en sus pensamientos como para seguir un bosquejo. Les parece restrictivo. Saben lo que quieren decir, pero, por supuesto, lo que quieren decir no siempre los lleva a una meta específica de gran trascendencia. Así que yo ofrecí conseguirles algunos gráficos y escribir un bosquejo básico detrás de cada figura.

Todos ellos vinieron a la escuela anoche, una feliz banda de presuntos evangelistas. Se reunieron para que les explicara cómo usar el material que había preparado para ellos. Y con el mismo gran entusiasmo que ellos mostraron, así de grande era mi desesperación para que ellos aprendieran a disciplinarse ellos mismos para que se apegaran a un bosquejo. Vendrán de nuevo esta noche para otra "práctica" y de nuevo mañana en la noche y el domingo en la mañana; si sus planes no cambian estarán partiendo a Obowaca donde el capitán Cabelludo los estará esperando. Él les aseguró que los pueblos de alrededor se reunirán, ansiosos por escuchar lo que Dios realmente dice.

¿Orarán ustedes por los yanomamö? Oren porque el Espíritu Santo dirija sus pensamientos y les abra el entendimiento.

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