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La actividad religiosa La actividad religiosa: ¿Producto del sincretismo o de un cambio de corazón? Autor: Roberto English, Papua Nueva Guinea
La actividad religiosa puede ser producto de un verdadero cambio de corazón o del sincretismo; y he luchado internamente para saber cómo diferenciarlos. Como resultado de este proceso, he formulado una serie de preguntas que deberíamos investigar a medida que vemos a las personas que discipulamos participar en actividades religiosas. En este ensayo he escogido la oración como ejemplo representativo de todos los demás tipos de actividad religiosa. ¿A quién oran? ¿A quién ora el creyente indígena? ¿Está orando a Dios o a un ídolo? ¿Está buscando ayuda de Dios, de sus antepasados o de otros seres espirituales? En el pasado, es probable que ésta haya sido la única consideración evaluada. La pregunta es fundamental, ya que la respuesta nos ayuda a diferenciar entre prácticas cristianas y paganas. Sin embargo, el simple hecho de contestar la pregunta, “¿A quién ora el creyente?” no toca el problema del sincretismo. Cualquiera que hubiese observado a Aarón y a los israelitas bailar alrededor de un becerro de oro llamado “Jehová”, podría haber concluido que estaban adorando a Dios – los israelitas mismos ciertamente estaban convencidos de ello. Pero al hablar con la mujer samaritana, Cristo declaró, “Vosotros adoráis lo que no sabéis (...) Dios es Espíritu; los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:22-24). Adorar a Dios en verdad es más que sólo orar a un ser llamado “Dios”. Implica comprender quién es Dios en la totalidad de sus atributos divinos y confiar en Él. ¿Por qué oran? La respuesta a esta pregunta es la que en última instancia buscamos al evaluar cualquier práctica religiosa. ¿Es motivada la actividad (en este caso la oración) por un corazón que depende de Dios o de otras cosas? El fariseo en Lucas 18:9-11, movido por la expectativa de ganar bendiciones materiales, oró con un corazón de orgullo y justicia propia. Creía haber vivido una vida de tal calidad que Dios se vería obligado a bendecirle. Su oración fue basada en la auto-dependencia. Es poco probable que un animista, si orara, lo hiciera por una motivación afín a la del fariseo. Lo más seguro es que el animista ni siquiera tome en cuenta el pecado, ni la justicia ni los asuntos ético-morales. Más bien, es de anticiparse que la oración del animista sea motivada por la expectativa de conseguir una ganancia material. Tomando en cuenta que según su perspectiva del mundo (cosmovisión), las ganancias materiales se logran por medio de ritos o de ceremonias debidamente celebradas, es probable que el animista cristiano sincretista ore con un corazón que depende de la eficacia de la oración misma. Para él, no es cuestión de elegir entre la dependencia en Dios y la dependencia en sí mismo, sino entre la dependencia en Dios y la dependencia en el rito de la oración. Para él, la oración misma (cómo, dónde, y cuándo se hace) tiene el poder de apaciguar o complacer a la deidad y por tanto, producir ganancia material. ¿Cómo oran? ¿Cómo oran los creyentes? ¿Se rigen por ciertas fórmulas? ¿Hay requisitos específicos que deben llenarse? Recordemos que el animista cree que el camino a la ganancia material es a través de los ritos o las ceremonias correctamente celebrados. Las respuestas a las siguientes preguntas sobre la oración de los creyentes indígenas nos ayudarán a descubrir si es producto del sincretismo: ¿Se requiere el uso de ciertas palabras o frases (por ejemplo: “en el nombre de Cristo, amén”)? ¿Se requiere el uso de ciertos objetos (por ejemplo: rosarios, ruedas de rezo)? ¿Se requiere adoptar cierta postura (por ejemplo: las manos cruzadas, la cabeza inclinada, los ojos cerrados, arrodillarse, postrarse)? ¿Debe decirse la oración con cierto volumen de voz (por ejemplo: silenciosamente, susurrando, gritando)? ¿Hay otras acciones que pueden, o no deben acompañar la oración (por ejemplo: el ayuno, la penitencia)? ¿Aumentan estas u otras cosas la capacidad de la oración para obligar a Dios a conceder la petición?
En un sistema religioso sincretista, estas formas de oración pueden surgir de una de dos fuentes, o bien de la manera tradicional animista de orar, o del nuevo modo “cristiano.” Cualquiera que sea el caso, la oración es sincretista si depende de la forma y no de Dios mismo. Ya sea que las formas tradicionales animistas se mantengan, o las costumbres cristianas se adopten, es válido preguntarse si la oración es sincretista. En el primer caso, la duda es si Jehová Dios ha sido adoptado en un sistema animista. En el segundo caso, hay que preguntarse si el comportamiento externo ha cambiado sin que exista un cambio de dependencia en el corazón. En el pasado, cuando los misioneros veían un cambio en las formas externas o una aceptación de las costumbres “cristianas” (de la iglesia occidental) se suponía que se había producido un cambio de corazón: de depender de los ídolos a depender de Dios. Sin embargo, hoy día comprendemos que, en realidad, el animista no depende de los ídolos ni de espíritus sino del poder de la acción o el rito mismo. También entendemos que la adopción de una forma exterior no requiere necesariamente un cambio en aquella dependencia. ¿Deberíamos entonces buscar entre los ritos animistas tradicionales para hallar las formas apropiadas para la oración? Algunos creen que así debemos proceder. Estas formas, dicen ellos, tienen un significado vasto y profundo para el indígena. Sin embargo, ¿deseamos propagar formas religiosas que traen consigo el significado de trueque espiritual: rituales a cambio de ganancia material? No. Aunque buscamos formas autóctonas, no convienen aquellas que provienen de la esfera de los ritos religiosos de la cultura, los cuales se celebran con el fin de lograr una ganancia económica o material. Queremos promover conceptos como la humildad y la contrición, el mérito de Dios de ser adorado, y el nuevo privilegio que gozan ellos de entrar en la presencia del Todopoderoso. Debido a que estos conceptos no forman parte de su religión tradicional, es imposible que sus ritos los comuniquen. Sin embargo, han de existir maneras en la cultura de manifestar humildad y contrición. ¿Qué ademanes se usan para expresar el respeto? ¿Cuáles palabras expresan libertad y gozo? Estas formas de expresión son autóctonas sin ser religiosas. Por tanto, no son contraproducentes y son las que debemos buscar. ¿Dónde oran? ¿En qué lugar (o lugares) oran los creyentes? ¿Debe decirse la oración en proximidad a la cosa por la cual se ora (por ejemplo: en el huerto)? ¿Debe decirse en un lugar de poder (por ejemplo: en la cumbre de una montaña, a orillas de un río, en el salón de reuniones)? ¿Cuándo oran? ¿Cuándo puede uno orar? ¿Puede la oración ser espontánea? ¿Se hace espontáneamente al mencionarse una petición? ¿Está limitada a cierta hora del día, a cierta semana, mes, o año? Para ellos, ¿hay momentos cuando es obligatorio orar? Recordemos que hemos tomado la oración como ejemplo de la acción religiosa, pero todas las demás actividades religiosas deben ser evaluadas de manera similar. Nótese que los creyentes maduros exhibirán un deseo de ser constantes y disciplinados en muchas actividades religiosas. Si esa constancia se manifiesta exclusivamente a ciertas horas o en ciertos lugares, entonces debemos sospechar que es producto del sincretismo más bien que de un cambio de corazón. ¿Con qué frecuencia oran? ¿Cuán a menudo elevan a Dios sus peticiones? Ésta puede ser la pregunta más difícil de considerar. Jesús mismo nos amonestó que no oráramos como los paganos, que “piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:5-8). Por otra parte, hemos de echar sobre Él todas nuestras cargas y ansiedades porque verdaderamente tiene cuidado de nosotros. Nuestro Dios no es como el juez injusto al cual hubo que pedirle insistentemente para que por fin se moviera a tomar acción. Dios es un Padre amoroso que sabe cómo darles a sus hijos buenos regalos (Lucas 11:5- 10; 18:1-8). Así que la pregunta sobre la frecuencia de la oración va relacionada con el concepto que tienen de Dios. ¿Lo perciben como el Todopoderoso, o como alguien que puede ser presionado o convencido? Para ellos, ¿es la oración frecuente un acto de justicia por medio del cual el creyente busca aplacar a Dios? ¿Quiénes oran? ¿Quiénes oran? ¿Puede orar todo creyente? ¿Hay ciertos individuos hábiles que se especializan en la oración? ¿Tiene el misionero un acceso especial con Dios? ¿Para qué oran? ¿Qué se pide en oración? ¿Cuáles temas predominan? ¿Oran los creyentes principalmente por necesidades materiales, económicas y de salud? O ¿se ocupan más bien de los asuntos del alma y del espíritu? ¿Se manifiesta un cambio de perspectiva – de una religión que enfoca el individuo y sus propias necesidades, a una convicción de que el Todopoderoso es digno de adoración? ¿Es la meta del que ora tener una vida controlada por el Espíritu de Dios y vivida para Él, o sigue buscando la vanagloria de la vida? Conclusión ¿Qué podemos hacer si nos damos cuenta de que la actividad religiosa es producto del sincretismo más bien que de un cambio de corazón? Primero, debemos reconocer que los nuevos creyentes, quienes sinceramente aman al Señor y desean sólo Su bien, necesitan tiempo para crecer en su entendimiento. Como modelos, nosotros los misioneros debemos tener paciencia cuando vemos evidencia en ellos de una mezcla de motivaciones. La vida cristiana es un proceso de aprendizaje, un proceso por medio del cual Dios cambia el corazón. En segundo lugar, debemos tiernamente corregir y encaminar a los nuevos creyentes hacia las verdades básicas. La enseñanza debe concentrarse sobre tres temas principales: (1) La naturaleza y carácter de Dios – el hecho de que ÉL es el Todopoderoso, (2) La naturaleza de este mundo – que vivimos en un mundo controlado por Satanás, y (3) La naturaleza de nuestra relación con Dios – que Dios se agrada de nosotros sólo por medio de la obra completa de Su Hijo, y que de ninguna otra manera podemos agradarle a Él. ________________________ Roberto & Wendy English llegaron a PNG en 1991. Están plantando una iglesia entre la étnia elimbari en la región de la serranía (Highlands Region).
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