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Capítulo 7 Fundamentos correctos para enseñar a creyentes Nuestro énfasis hasta aquí ha sido sobre las pautas bíblicas para la evangelización. Ahora, dirijo su atención a los principios bíblicos para la enseñanza de los creyentes. Como había sido preparado con métodos tradicionales de enseñanza bíblica, la mayor parte de la enseñanza inicial a los creyentes de Palawan la hice temáticamente. Las dificultades que encontré en la enseñanza temática me llevaron a buscar en la Escritura métodos más lógicos y prácticos de enseñanza de la Palabra de Dios. En este capítulo compartiré algunas de mis experiencias con creyentes tribales que me impulsaron a examinar la Biblia para hallar los métodos que empleó Dios para enseñar a Sus hijos. Aunque muchos de los problemas acerca de los cuales escribiré fueron complicados por el estado primitivo e ignorante de la gente involucrada, las observaciones son apropiadas y dignas de consideración por parte de quienes enseñan a gente bien educada y próspera. Por medio de la participación en las conferencias bíblicas mensuales para los ancianos y maestros bíblicos palawano, se me hizo evidente que la presentación temática no es la mejor forma de enseñanza bíblica para quienes tienen poca educación, son lentos para entender o se distraen fácilmente. Tampoco es la mejor forma de enseñanza para quienes no están muy familiarizados con la ubicación de los distintos libros de la Biblia o a quienes les falta una comprensión sencilla y fundamental de la secuencia general e histórica de la revelación divina. Estas conferencias mensuales, a las cuales asistían líderes de todas las dispersas iglesias palawanas para recibir instrucción, eran de primera importancia en mi programa de enseñanza. Las conferencias tenían el propósito de fundamentar a los líderes y, a través de ellos, a sus iglesias en una comprensión básica de la revelación completa de las Escrituras. Sin embargo, se desperdiciaba mucho tiempo valioso durante estas reuniones mientras unos cien hombres, la mayoría de poca educación y sin experiencia en las Escrituras, buscaban en sus Nuevos Testamentos las numerosas referencias necesarias para establecer la doctrina que se exponía. Dificultad para captar Cuando les daba a los palawano una referencia para buscar, había inmediatamente mucho murmullo y cuchicheo. Les era difícil recordar la referencia dada, de modo que continuamente la estaban pidiendo a sus vecinos. Los primeros que encontraban el versículo a menudo comenzaban a leer la porción laboriosamente, pronunciando audiblemente las letras y palabras. En vez de prestar atención a mi enseñanza, estaban ocupados haciéndose preguntas uno al otro o tratando de leer el pasaje que estaban tan contentos de haber encontrado. Sus mentes, en vez de estar ocupadas por el tema que se estaba enseñando, se distraían repetidamente porque tenían que buscar las porciones en muchas diferentes partes de la Biblia.
Dificultad para anotar, repasar y enseñar Era muy importante que estos maestros pudieran repasar todo lo que se les había enseñado durante las conferencias de manera que pudieran comprender claramente y recordar con el fin de enseñar las mismas verdades a sus congregaciones. Para repasar el contenido enseñado, debían anotar todas las referencias y tomar apuntes para indicar qué parte del versículo debía destacarse. Los intentos de la gente tribal de tomar notas eran generalmente desastrosos. Las notas que hacían les ayudaban muy poco a repasar, y eran inadecuadas para servir como guías de enseñanza. Los cuadernos que les di pronto estaban sucios, despedazados, y vueltos nada, especialmente después de guardarlos entre las hojas de palma del tejado de sus chozas. No obstante, ellos se esforzaban por tomar apuntes. Escribían cada referencia, formando cuidadosa y esmeradamente las letras y los números con el cabo de un lápiz o con un bolígrafo. Debo confesar que después de mucha práctica, mejoraron, y los jóvenes llegaron a tener bastante destreza en la toma de notas, pero ¡qué ejercicio tan innecesario y derrochador de tiempo! Finalmente, hacía a máquina y duplicaba notas sencillas para ellos. Éstas fueron una ayuda grande, pero causaron otros problemas. ¡Ojalá les hubiera enseñado las Escrituras como fueron dadas por Dios! La enseñanza, aprendizaje, repaso y la comunicación a otros de esa enseñanza hubieran sido mucho menos complicadas. A menudo, en la enseñanza temática, sólo una frase o unas pocas palabras de un versículo son necesarias para explicar la doctrina que se está enseñando. Es difícil para muchas personas comprender este concepto. Fue sumamente problemático para los palawano, quienes tienden a apreciar las cosas como una totalidad en vez de verlas como un conjunto de elementos independientes. Me di cuenta de este problema cuando preparé un libro de doctrinas para ser enseñadas en las iglesias. Yo enseñaba un tema del libro a los líderes de la iglesia, y ellos regresaban a sus iglesias a enseñar el mismo tema a sus propias congregaciones aldeanas. Durante una conferencia con estos hombres, enseñé sobre la naturaleza y el carácter de Dios de este libro de doctrinas. El fin de semana siguiente, según mi costumbre, caminé a una iglesia tribal para enseñarles y para averiguar cómo manejaban los ancianos el tema que les había asignado. El domingo por la mañana, escuché cuando uno de los ancianos de la tribu comenzó a enseñar. Se refirió al punto del bosquejo, “Dios es amor”. Bajo este encabezamiento, había una lista de varias referencias, una de las cuales era Juan 3:16. El anciano leyó este versículo y comenzó a enseñar. Primero, hizo énfasis en que Dios es amor desde las palabras “porque de tal manera amó Dios al mundo”. Según el bosquejo temático que le había dado, no hacía falta decir más sobre ese versículo. Pero él continuó. Pasó a enseñar sobre la encarnación, basando sus comentarios en las palabras “que ha dado a su Hijo unigénito” y no se detuvo allí. Continuó leyendo “para que todo aquel que en él cree, no se pierda” e hizo énfasis en la necesidad de la fe en Cristo y en la condición perdida de los que no creen. Concluyó su exposición de Juan 3:16 con algunos comentarios sobre la seguridad de la “vida eterna” y la bienaventuranza del cielo para todos los creyentes. Aunque él y sus oyentes estaban disfrutando la Palabra de Dios, así como Dios la había registrado, yo estaba frustrado y decepcionado. Yo quería que él enseñara como yo le había enseñado en la conferencia, de mi libro temático de teología sistemática. Me pregunté si ellos alguna vez podrían enseñar la Palabra de Dios correctamente. Claro que para mi manera de pensar, la enseñanza correcta era la analítica y temática. Mientras estaba allí sentado pensando que había fracasado y preguntándome cuál sería la mejor manera de prepararlos para que fueran capaces de enseñar la Palabra, de repente se me ocurrió que el Espíritu Santo escribió Juan 3:16 así como el anciano tribal lo había expuesto. ¿Por qué, pues, organizarlo bajo encabezamientos temáticos? La enseñanza y el aprendizaje serían mucho más directos y descomplicados si todas las Escrituras fueran enseñadas exposicionalmente así como habían sido reveladas y escritas. Hacemos la enseñanza y aprendizaje de las Escrituras innecesariamente difíciles cuando insistimos en la enseñanza temática como nuestro método básico de instrucción. La cultura occidental se acerca a la mayoría de los temas analíticamente. Consideramos necesario reducir todo a sus elementos básicos para examinar y categorizar cada parte. Pero muchas culturas no abordan el proceso de enseñanza y aprendizaje de esta forma. Cuando el Señor preparó las Escrituras, tuvo en mente a todo tipo de personas. Si Él hubiera planeado hablar solamente a los occidentales y nos hubiera preguntado qué forma literaria debían tomar sus escritos, nuestra respuesta probablemente hubiera sido: “Una teología sistemática”. En Su sabiduría, el Señor no hizo esto. Las Escrituras no fueron preparadas de una manera analítica y temática, porque aparentemente ésta no es la manera preferible de enseñar la Palabra de Dios, ni siquiera en la cultura occidental. A medida que estas cosas estaban pasando por mi mente, el anciano tribal procedió a exponer el siguiente versículo anotado en el bosquejo, y yo comencé a observar a las distintas personas de la congregación. Al otro lado del pasillo, una preciosa ancianita quien amaba la Palabra de Dios sostenía su Nuevo Testamento cerca de sus ojos, tratando de leer en la penumbra. Otras mujeres estaban tratando de seguir las referencias y de mantener su atención en el predicador, a pesar de las distracciones constantes causadas por bebés que lloraban, niños inquietos y cuchicheantes y hoscos perros que gruñían. Todos los hombres y los niños estaban sentados al lado del pasillo donde estaba yo en la capilla de bambú de techo de palma. Todas las edades estaban presentes. Mientras los observaba, me pregunté cuánto entendían en realidad. ¿Comprendían lo suficiente para ser edificados en un verdadero conocimiento interiorizado de modo que sus vidas reflejaran el carácter del Señor? ¿Cuánto recordarían durante la semana? ¿Podrían ellos repasar la enseñanza en la quietud de sus casas dispersas en la selva? A los creyentes palawano se les animaba a compartir el mensaje con otros durante la semana cuando estuvieran trabajando en sus campos, lavando ropa, pilando arroz, visitando o sentados por la noche junto al fuego. También me pregunté si ellos entendían con la claridad suficiente para poder hacerlo. Al contemplar a esta congregación con todas las edades y distintas capacidades para leer y escribir, me di cuenta que nuestros métodos complejos de enseñanza obstaculizan el esparcimiento de la Palabra de Dios por parte de la gente común y corriente. Pensamos que tenemos que organizar las Escrituras en diferentes temas bajo lo que consideramos ser encabezamientos apropiados. ¡Cuánto más sencillo sería si enseñáramos de versículo a versículo y de libro a libro! Ellos no tendrían que buscar versículos en toda la Biblia ni escribir numerosas referencias. En casa, el repaso de la sección estudiada en la reunión se simplificaría mucho. Explicar y compartir la porción con otros sería mucho más fácil. Prepararse para la reunión siguiente sería descomplicado, porque ellos solamente tendrían que leer la siguiente porción de la Escritura en vez de muchos versículos dispersos. Puede causar división Muchos misioneros han hallado que dependen exclusivamente de los hombres más jóvenes para enseñar y dirigir las iglesias tribales. Los hombres de edad y los de poca educación son innecesariamente marginados del ministerio porque no se pueden adaptar al método temático y analítico de enseñar que les ha querido inculcar el misionero. Desafortunadamente, los jóvenes carecen de la experiencia natural de la vida que lo prepara a uno para ser un maestro sabio. En muchas culturas, a los jóvenes no se les otorga el respeto tan necesario para un maestro y líder de la iglesia. Muchos misioneros pueden testificar de la congoja de ver a jóvenes líderes prometedores arruinados para el ministerio por el orgullo, el adulterio y muchos otros vicios y debilidades. La mayoría de los jóvenes palawano habían estudiado la primaria, pero sólo unos pocos de los de edad habían sido educados. La educación al estilo occidental capacitó a los hombres jóvenes para seguir más fácilmente la enseñanza temática y enseñar lo que habían aprendido, usando el mismo método. Por esto, fue necesario nombrar como líderes maestros en las iglesias a algunos de los hombres de menos edad a pesar de que su cultura dictaba que estas posiciones correspondían a los hombres mayores. Grandes secciones de las Escrituras pasadas por alto Todos tenemos la tendencia a volver siempre al tema o las doctrinas que consideramos más importantes. El resultado es que grandes secciones de la Escritura regularmente son pasadas por alto en muchas iglesias, mientras que otras partes de la Biblia reciben casi toda la atención. En Palawan, los maestros tribales enseñaban los mismos temas y pasajes una y otra vez. En lugar de enseñar secciones poco conocidas, inexploradas, de la Palabra de Dios, regresaban frecuentemente a los mismos versículos o temas. Error por interpretar versículos fuera de su contexto Debido a los sermones temáticos y doctrinales basados en porciones aisladas de las Escrituras que han escuchado, muchos que han sido cristianos por largo tiempo no pueden interpretar ni siquiera los versículos que conocen bien en el contexto de los libros o epístolas de las cuales forman parte. La razón de esto es obvia. Rara vez, si acaso, se le ha enseñado a la mayoría de ellos el contexto más amplio de estos bien conocidos versículos. Ellos pueden comprender versículos o hasta capítulos o secciones de la Escritura que tratan algún tema particular, pero no entienden la Biblia como un solo libro en sí, porque no han sido nunca introducidos al marco de referencia básico de la revelación bíblica progresiva. No entienden la gran necesidad de interpretar toda Escritura a la luz de la totalidad de la revelación progresiva. Esto me lo hizo enfático el sermón de un sincero hombre indígena sobre Mateo 24:2: “Respondiendo Él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”. Después de leer este versículo, él señaló las colinas rocosas que rodeaban la capilla de techo de paja donde estaba. Solemnemente advirtió a la gente que cuando Jesús viniera nuevamente a juzgar el mundo, todas las piedras de las colinas a su alrededor serían derribadas. “No quedará una sobre otra”, recalcó. Mientras estaba allí sentado tratando de aquietar mi inconformidad por su interpretación incorrecta, caí en la cuenta de que la culpa de ella la tenía yo, no él. Yo mismo había utilizado versículos dispersos al enseñarle una doctrina o al desarrollar un tema. Jamás le había enseñado las Escrituras de una manera tal que él pudiera entender la necesidad de interpretar los versículos en su contexto ni cómo hacerlo. Fue por medio de tales incidentes que me vi motivado a abandonar la aproximación temática a la enseñanza para usar el método más sencillo y directo de la exposición versículo por versículo a fin de ayudar a la gente a comprender la Escritura en su contexto inmediato. Pero esto también resultó inadecuado, porque a los creyentes no se les había enseñado las Escrituras del Antiguo Testamento, las cuales proporcionan los antecedentes y fundamentos del Nuevo Testamento. Ellos no comprendían como una sola historia toda la Palabra de Dios. La enseñanza de Dios Es muy evidente que la forma fundamental de enseñanza de Dios a través de toda la historia ha sido la progresiva. Dios desplegó el mensaje de la Biblia gradualmente a través de las edades. Este despliegue divino de la verdad se ha comparado al crecimiento del grano: “Primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga”(Marcos 4:28). Dios quiso dar a conocer Su naturaleza y carácter, Su plan para el mundo, Su propósito de redención mediante Cristo, y todas las demás verdades espirituales por medio de la revelación progresiva. El método básico de enseñanza de Dios se puede comparar a la manera en que pinta un cuadro un pintor. Él no comienza a pintar en un ángulo, llenando en seguida todo el lienzo con todos los detalles del cuadro. Por lo general, hace un sencillo esbozo, ligero e inicial de toda la obra. Ante un espectador, la pintura en las etapas iniciales será indistinta. Incluso si se estudia con cuidado, puede no ser claro lo que el artista pretende incluir en el producto final. Pero, a medida que el artista continúa trabajando la obra, un poquito aquí y otro allá, los detalles empiezan a desarrollarse con mayor claridad. El proceso continúa hasta cuando son aplicadas las pinceladas finales y está completo el cuadro. Así es como Dios pintó Su obra del drama de la redención. Él empezó a bosquejar en los primeros capítulos del Génesis. Génesis 3:15 es un bosquejo sencillo, sin detalles, de toda la obra de la historia de la redención. Detalles más precisos y claros fueron después añadidos por Dios en el llamamiento y vida de Abraham. Más color y pormenores fueron añadidos en el ofrecimiento de Isaac y el perfecto cordero sustituto que Dios proveyó. El sueño de Jacob, la pascua, el maná del cielo, el agua de la roca golpeada, la entrega de la ley, la construcción del tabernáculo, la serpiente de bronce, el ministerio victorioso de Josué y otros eventos históricos, son todos pinceladas del pincel del Artista, al pintar el fondo de la obra. El Divino Maestro continuó añadiendo detalles a medida que guiaba los eventos de la historia del Antiguo Testamento hacia la revelación en Cristo, el tema principal del cuadro. Las oscuras imágenes y las áreas levemente bocetadas de repente sobresalieron cuando Jesús vino a vivir, morir y resucitar. Pero aún así, no estaba completo el cuadro en el lienzo. Por medio de los apóstoles, el Espíritu Santo continuó la obra. Las pinceladas finales a la pintura de Dios, fueron hechas cuando la revelación de Jesucristo, dada a Juan en la Isla de Patmos, fue añadida. Dios nunca enseñó todo lo que había que saber acerca de una doctrina en particular o tema en un momento específico. A menudo revelaba nuevos aspectos de la verdad, pero nunca dio a conocer de una vez toda la verdad respecto de ningún tema. El método de enseñanza de Dios puede compararse a la manera en que mucha gente prefiere que se les sirva la comida. Un hombre se sorprendería si llegara a su casa a encontrar que su esposa había preparado una comida consistente de solamente papas y la escuchara decir: “Hoy tenemos papas, mañana habichuelas, pasado mañana tendremos únicamente carne en el menú”. ¿Quién estaría contento con ese tipo de menú? Por lo regular nos gusta una comida que tenga diferentes tipos de verduras, tubérculos, y carne. Así escribió Dios Su Palabra. Así nos alimenta Dios de Su Palabra cuando la estudiamos así como Él la ha dado. Busque en cualquier parte de la Palabra de Dios y pronto verá que un versículo puede dar información, directa o indirectamente, sobre muchos temas diferentes. Libros enteros podrían escribirse al examinar y exponer cuidadosamente un versículo. Así como hay muchas facetas en un diamante, un versículo, cuando se escudriña bajo la guía del Espíritu Santo, revelará muchos aspectos diferentes de verdad relacionados con muchas doctrinas diferentes. Durante algunos seminarios con misioneros, le he pedido a un individuo que busque en la Biblia la doctrina del Espíritu Santo. Le he pedido a otro que busque la doctrina del hombre, a otro la doctrina de Satanás, y a otro la doctrina de la Iglesia. Algunas personas comenzaron a abrir sus Biblias, y después vacilaron. No podían abrir sus Biblias en una doctrina específica, porque la enseñanza no está agrupada por doctrinas. Todas las doctrinas empiezan en forma embrionaria en Génesis y son reveladas progresivamente, poco a poco, a través del Antiguo y Nuevo Testamentos. Es imposible hallar una doctrina completa buscando en un solo lugar de la Biblia. El método de revelación e instrucción de Dios, es claramente progresivo en la vida de cada individuo que Él preparó para Su servicio durante la historia del Antiguo Testamento. Cuando Dios creó a Adán, fue el propósito y deseo de Dios que Adán aprendiera a conocerle, en toda Su soberanía, majestad y gloria. ¿Cómo, pues, empezó Dios a enseñar a Adán? ¿Qué método utilizó? ¿Enseñó Él a Adán sistemática o temáticamente todo lo que había que saber de Él, su Creador? ¡No! ¡Cuán trivial y pequeña parece ser la primera revelación de Dios a Adán! Dios dijo: “Fructificad y multiplicaos, llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28). El Señor entonces dijo a Adán lo que él y Eva debían comer. En esta revelación inicial, Dios ni siquiera habló específicamente de Sí mismo. Sin embargo, por lo que dijo y mandó, Dios reveló básicas e importantes verdades sobre Su naturaleza. Al mandar a Adán que fructificara y se multiplicara, el Señor claramente se declaró como Legislador sobre Adán y Señor de todas las facetas de la vida. Al delegar a Adán la autoridad de virrey sobre toda la tierra y mandarle que tuviera dominio sobre todo ser viviente en la tierra, mostró a Adán que Él, el Señor, es el pleno Dueño de la tierra y todo lo que en ella hay. Después de que Dios colocara a Adán en el Huerto de Edén, nuevamente le habló y mandó respecto del árbol de la vida y del árbol del conocimiento del bien y del mal. Esto no fue sino una revelación adicional del papel de Dios en Su relación con el hombre, porque por la solemne declaración que la muerte sería el inevitable castigo de la desobediencia, Él estaba mostrando a Adán que sólo Él es Dios, el Juez y Ejecutor de la justicia en la tierra. Estos son los únicos registros que tenemos de las palabras de Dios a Adán antes de que éste desobedeciera. Pero, a medida que se reuniera Dios con el hombre, parece que Él planeaba enseñar a Adán progresivamente, añadiendo paulatinamente a aquellas revelaciones iniciales de Su voluntad y plan, de acuerdo con la capacidad de Adán de asimilar la información que le diera Dios. ¿Cómo enseñó Dios a Abraham cuando lo llamo? ¿Llamó Dios a Abraham y le dijo: “Ahora, Abraham, antes de que salgas de Caldea, quiero decirte todos mis planes para ti y tu descendencia?”. ¿Eso es lo que hizo Dios? ¡No! Abraham salió, sin saber a dónde lo llevaba Dios. Dios reveló solamente lo que era necesario para cada etapa de la experiencia de Abraham. A través de revelaciones progresivas, Dios enseñó a Abraham, añadiendo conocimiento a conocimiento, porque Abraham debía andar por fe. Otras ilustraciones del método progresivo de enseñanza de Dios son evidentes en las historias de Jacob, José, Moisés y la nación de Israel. Sin duda estos ejemplos nos demuestran que el modo básico de enseñanza de Dios en el Antiguo Testamento fue progresivo, un proceso de construcción lento y cuidadoso. La enseñanza del Señor Jesucristo El Señor Jesús no enseñó a Sus discípulos todo lo que había que saber acerca de ningún tema en ninguna ocasión. Él enseñó a Sus discípulos progresivamente. Véase como ejemplo Juan 14. El Señor empezó confortando y animando a Sus discípulos (v. 1). Después habló de Su ministerio futuro de preparar moradas para Sus hijos (vv. 2 y 3). Esto fue seguido de una charla con Tomás y Felipe acerca del camino para ver y conocer al Padre (vv. 4-11). En seguida, habló de la necesidad de la obediencia y la venida del Espíritu Santo (vv. 12-17). El Señor Jesús solía incluir muchos temas en Sus charlas con los discípulos, pero no enseñó exhaustivamente ninguno. Al introducir un tema o algún aspecto de un tema, Él dejaba que Sus discípulos lo pensaran. Con frecuencia una pregunta de los discípulos suscitaba de nuevo el tema posteriormente. Si era conveniente, el Señor daba después a Sus discípulos más información, pero aun así, no les decía todo lo que había que aprender y comprender acerca del tema. El Señor nunca suministraba mera información. Más bien, Él presentaba verdad transformadora que debía ser comprendida y apropiada. Incluso al término de Su vida terrenal, dijo:“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu Santo, Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:12,13). La enseñanza del Espíritu Santo Cuando vino el Espíritu Santo, ¿cómo enseñó? ¿Reveló de una vez a los discípulos todo lo que había que saber del Nuevo Testamento y la vida cristiana? ¿Les enseñó temática y exhaustivamente sobre todo lo que planeaba revelar a la Iglesia? ¡No! De nuevo, la enseñanza fue progresiva, porque Dios estaba continuando Su forma usual de revelación. Fue un proceso de edificación. Las verdades fundamentales, parcialmente reveladas u ocultas en el Antiguo Testamento, y las verdades presentadas por el Señor Jesús pero no totalmente reveladas antes de Su ascensión, fueron enseñadas lenta y cuidadosamente mediante la adición de conocimiento a conocimiento de manera que la Iglesia fue llevada a “la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-16). La enseñanza de los apóstoles Como Dios ha revelado toda verdad progresivamente, los apóstoles basaron su enseñanza y escritos sobre las revelaciones anteriores de Dios en el Antiguo Testamento y en Sus revelaciones más recientes por medio de Su Hijo, el Señor Jesús. Sus escritos no se pueden aislar, porque son la continuación y culminación de la revelación progresiva de Dios que Él comenzó inicialmente a través de Moisés. Todo lo que escribieron y enseñaron los apóstoles se basó en el Antiguo Testamento. Las siguientes porciones de los escritos de Pablo ilustrarán que el principio de la revelación progresiva prosigue desde los Hechos hasta el libro de Apocalipsis. Debido a esto, es imposible enseñar claramente a los creyentes el Nuevo Testamento sin introducirlos primero al Antiguo Testamento. Imagínense a un creyente, que no haya recibido enseñanza básica sobre el Antiguo Testamento, que trata de comprender una porción como la de 1 Corintios 5:6-8: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. ¿Qué posibilidad tendría una persona de entender estos versículos sin el imprescindible conocimiento antiguotestamentario como base? En 2 Corintios 3, Pablo contrasta la ministración de la muerte por medio de Moisés y la ministración de la vida traída por Cristo. Dice: “Y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido. Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado” (2 Corintios 3:13,14). Todo este capítulo, y particularmente estos versículos, son imposibles de comprender aparte del Antiguo Testamento. ¿Qué de la epístola de Pablo a los Gálatas? ¿Cómo podría alguien comprender los argumentos de Pablo sobre la ley y la gracia sin un fundamento apropiado en el Antiguo Testamento? Las iglesias de Galacia, mediante la influencia de los judaizantes, se habían apartado de la interpretación de las Escrituras de acuerdo con el orden histórico de la revelación progresiva. Cuando combatía este error, Pablo les recordó la secuencia de los eventos históricos registrados en el Antiguo Testamento a través de los cuales Dios reveló progresivamente la doctrina de la justificación. En Gálatas 3, se nos dice que los judaizantes hacían énfasis en la obediencia a Moisés y la ley como necesarios para la salvación. Decían: “Sí, la muerte de Cristo es necesaria para la salvación, pero los creyentes deben también guardar la ley”. ¿Cómo enfrenta Pablo sus argumentos? Pablo lleva a sus lectores a la historia del Antiguo Testamento y muestra que la doctrina de la justificación sólo se puede comprender según la revelación progresiva. Pablo escribió: “Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa. Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones”(Gálatas 3:17-19). ¿Qué hace Pablo? Está mostrando que la ley no puede superar el pacto de Dios de gracia y fe como el camino de la justificación, porque la gracia y la fe fueron reveladas antes de que la ley fuera dada. Pablo recuerda a las iglesias de Galacia el orden que Dios usó para revelar progresivamente estas doctrinas. El Evangelio fue predicado primero a Abraham; y 430 años después, la ley fue dada por medio de Moisés para revelar el pecado como “excesivamente pecaminoso”. La revelación total del Evangelio finalmente fue dada por medio de Cristo. Este mismo Evangelio fue predicado a Abraham. Todos los creyentes son los hijos de Abraham por fe y no dependen de guardar la ley para salvación. Por tanto, Pablo hace claro que la secuencia de los eventos históricos es vital en nuestra interpretación y entendimiento de la Palabra de Dios. Considérese la doctrina del Espíritu Santo. En esta dispensación actual, no podemos apreciar lo que Dios ha hecho por nosotros mediante la presencia del Espíritu Santo, a menos que primero entendamos la obra y ministerio del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento. El gozo y la libertad que justamente nos pertenecen como integrantes del Cuerpo de Cristo sólo se experimentan si primero comprendemos que, durante la dispensación antigua, el Espíritu Santo estaba solamente con los creyentes. Ahora, Él está en nosotros. La doctrina del Espíritu Santo sólo se puede comprender sobre la base de la revelación progresiva. Esto es igualmente cierto en cuanto a la doctrina de la adopción. En Gálatas 4, Pablo enseñó que los creyentes del Antiguo Testamento eran como niñitos en la casa de su Padre. Numerosas leyes y rituales controlaban todos sus actos. Nosotros, en contraste, hemos sido puestos en la familia de Dios como hijos adultos. Compartimos el Espíritu del Hijo, en contraste con la relación limitada que tenía el Espíritu Santo con los creyentes en el Antiguo Testamento. Nuestra posición a causa de la adopción sólo se puede apreciar si comprendemos el desarrollo histórico y cronológico de la relación de Dios con los creyentes que las Escrituras revelan. Considérese la carta de Pablo a los Romanos. Al introducir su tema principal, el Evangelio de Dios, Pablo inmediatamente recuerda a sus lectores que el Evangelio fue “prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras”, y que es “acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne” (Romanos 1:2,3). En Romanos 1:18, Pablo empieza a enseñar sobre la doctrina del pecado del hombre. Lo hace sobre la base de los inicios de la historia cuando todos los hombres tenían el verdadero conocimiento de Dios (Génesis 1-11). Desde esta revelación original, Pablo afirma que el hombre se volvió voluntariamente a la grosera idolatría y a la perversión moral. En Romanos 2, Pablo demuestra la depravación total de toda la humanidad refiriéndose a la ley dada a Israel en el monte Sinaí y escrita en el corazón de los gentiles. En Romanos 3, Pablo cita extensamente el Antiguo Testamento y después señala lo que dice la ley como la prueba final de que todo el mundo es culpable ante Dios (Romanos 3:19). Entonces afirma que la doctrina de la justificación que él enseña es el mismo mensaje del cual testificaron la ley y los profetas (Romanos 3:21). En Romanos 4, Pablo menciona a Abraham y a David como ejemplos de dos pecadores que fueron justificados por fe. En Romanos 5, Pablo establece el fundamento de la doctrina de la identificación con Cristo. Una vez más, él señala el Antiguo Testamento y muestra que en Adán todos pecaron y todos murieron. La muerte reinó sobre todo, debido a la desobediencia del padre y cabeza de la raza humana. Con estos fundamentos, enseña después que Jesucristo nuestro Señor fue prefigurado en Adán y que Él es el Segundo Hombre. Así como Adán nos representó como la cabeza de la raza humana, Cristo fue puesto por Dios como el nuevo inicio, la Cabeza de los pecadores, a quienes Él representó por la completa obediencia al Padre, tanto en la vida como en la muerte. Nótese, entonces, que Pablo no trató de enseñar esta verdad liberadora de la completa identificación del creyente con Cristo aparte de sus bases antiguotestamentarias. Si Pablo enseñó fundamentos del Antiguo Testamento al enseñar a los creyentes, no debemos pensar que podemos enseñar exitosamente a los creyentes sin poner primero la infraestructura sobre la cual descansan todas las doctrinas del Nuevo Testamento. Es imposible enseñar clara y correctamente el Nuevo Testamento a los creyentes sin bases adecuadas del Antiguo Testamento. La mejor manera de enseñar la Palabra de Dios es seguir su forma progresiva de revelación. Primero debemos poner buenos cimientos para la fe del creyente y después edificar verdad sobre verdad, conocimiento sobre conocimiento. Las doctrinas bíblicas se pueden comprender más claramente si primero se aprecian en sus comienzos en Génesis, después se sigue su huella a lo largo de las narraciones bíblicas del Antiguo Testamento en las cuales se desarrollaron progresivamente, y entonces finalmente se enseñan en la plenitud que adquieren en el Nuevo Testamento. Dios ha revelado toda la verdad progresivamente en conjunto con Sus actos históricos, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Por tanto, todas las doctrinas tienen un contexto histórico. Las doctrinas del Nuevo Testamento están entretejidas con la narración histórica de las Escrituras. La tendencia generalizada de enseñar a los cristianos las doctrinas de la Biblia, separadas de su ubicación histórica progresiva dada por Dios, ha resultado en una confusión doctrinal en muchos sectores de la Iglesia. Esto se ve claramente en el rápido crecimiento del movimiento carismático, donde se interpreta la doctrina por la experiencia personal, en vez de hacerlo de acuerdo con su ubicación histórica. La mayoría de las malas interpretaciones doctrinales se deben a la falta de comprensión de la revelación de la verdad progresiva e histórica en la Biblia. Debido a que muchos se empeñan en enseñar doctrinas bíblicas casi exclusivamente desde el Nuevo Testamento, pasando por alto sus comienzos en el Antiguo Testamento, muchos creyentes tienen una interpretación borrosa y desequilibrada de las doctrinas bíblicas. Sólo se pueden comprender claramente las doctrinas a la luz de su revelación y desarrollo históricos. Fundamentos de la enseñanza temática La cultura y la educación occidental abordan analíticamente casi todos los temas. Como la mayoría de los temas se tratan de esta forma, parece que los cristianos aceptaran automáticamente que si uno quiere de veras conocer su Biblia, debe analizar y categorizar cada parte de la Palabra de Dios. Aunque existe la necesidad real de análisis en el estudio, la primera y mayor necesidad es de una aproximación integral a la Palabra de Dios. Este método de estudiar y enseñar las Escrituras integralmente se ha denominado el sintético, para distinguirlo del método analítico. El sintético empieza con lo general y enfoca el todo más que las partes individuales. El analítico empieza con lo específico y después se desplaza a lo general. Imagínese tratando de enseñar a un indígena la manufactura y reparación de relojes. Si él nunca hubiera visto un reloj ni comprendido su operación en su forma funcional, le sería imposible comprender la posición y el propósito de cada una de las partes. El procedimiento más sabio sería mostrarle un reloj completo. Después de esto, se le podría mostrar las pequeñas piezas y explicar su contribución individual al funcionamiento del aparato completo. Así también debemos abordar y enseñar las Escrituras. La visión panorámica general proporciona la base para una investigación analítica más detallada. La experiencia de un misionero amigo que planeaba ir a las Filipinas ilustra la necesidad de dar una enseñanza integral de las Escrituras antes de introducir la enseñanza temática. Cuando regresó a su iglesia local a preparar sus cosas y esperar el tiempo de partir, el pastor le pidió que enseñara un estudio bíblico para adultos. Él decidió empezar en Génesis y enseñar un resumen del Antiguo Testamento para conducir sus alumnos al Nuevo Testamento. Después, cuando se encontró conmigo en Manila, me dijo: “Cuanto más enseñaba, mayor entusiasmo tenían las personas en mi clase. Aunque estas personas habían asistido a nuestra iglesia durante muchos años, en todo ese tiempo, nunca se les había enseñado las Escrituras cronológica ni panorámicamente. Al terminar una de las lecciones, una dama preguntó: “¿Por qué no nos ha enseñado así nuestro pastor? He escuchado sermones toda mi vida, ¡pero hasta ahora empiezo a entender la Biblia como un solo libro!”. Los nuevos cristianos por lo regular viven durante muchos años con una vaga comprensión de la unidad de las Escrituras. La mayoría de los predicadores rara vez, si acaso, enseñan histórica y cronológicamente a lo largo de toda la Biblia. Los sermones sobre textos y temas aislados limitan la comprensión de la Palabra de Dios a ciertas porciones y versículos dispersos. El estudio panorámico del Antiguo Testamento y del Nuevo hace posible entender la Biblia como un solo tomo. La enseñanza de temas bíblicos debe tener un lugar importante en nuestro programa, pero debe usarse solamente con aquellos a quienes ya se les ha enseñado el panorama de las Escrituras. La enseñanza temática, cuando sea necesaria, será mucho más eficaz si normalmente enseñamos de una manera integral. Se comprenderá mucho más claramente el detalle doctrinal que destacamos mediante la enseñanza temática cuando se aprecia en el contexto de toda la revelación de Dios. La enseñanza temática que se encuentra en la Palabra de Dios es usualmente correctiva. Esto es claramente evidente en el ministerio de los profetas a quienes Dios levantó para recordar a Israel las justas y santas leyes que les habían sido dadas en una ordenada progresión a través del ministerio de Moisés. La mayor parte de las enseñanzas proféticas tienen que ver con el tema de la rebelión de Judá e Israel y las advertencias del juicio venidero de Dios a menos que ellos regresaran con verdadero arrepentimiento de corazón y obediencia a la revelación que ya poseían. Los escritos correctivos, temáticos de los profetas son, en realidad, interrupciones en la línea recta de las progresivas revelaciones de Dios que apuntaban a Cristo, el Rey venidero, y Su reino. La enseñanza temática debe usarse, pues, cuando haya mala interpretación o desobediencia a las Escrituras, o cuando haya que enfatizar o aclarar alguna doctrina en particular. Si surge algún problema en la iglesia, el maestro de la Biblia debe cambiar temporalmente a una enseñanza temática correctiva. La carta de Pablo a los Corintios es otro ejemplo de la enseñanza temática correctiva. Pablo está recordando a los Corintios la revelación que él ya les había entregado, que ellos debían creer y obedecer. Su enseñanza inicial a los Corintios fue la misma que daba en todas partes. Partió de la base de las Escrituras del Antiguo Testamento (Hechos 18:4,5; 1 Corintios 10:1,11). A éstas, añadió las enseñanzas dadas por el Señor Jesús cuando estaba en la tierra (1 Corintios 11:23). Completó Sus instrucciones entonces con las revelaciones del Espíritu Santo, empezando desde el día de Pentecostés (1 Corintios 2:1-13). Fue de este cuerpo completo de revelación que Pablo sacó su enseñanza temática correctiva para remediar la situación de la iglesia en Corinto. Vemos, entonces, que la enseñanza temática correctiva es mucho más clara cuando sigue este patrón básico de revelación progresiva. Como Dios ha revelado todas las doctrinas progresivamente, el método más sencillo y claro para hacer énfasis en una doctrina es remontarse a sus desarrollos desde Génesis hasta Apocalipsis. Si, por ejemplo, hace falta enseñar sobre el matrimonio, no hay mejor forma que empezar en Génesis, así como hizo Jesús cuando contestó preguntas respecto del matrimonio (Mateo 19:3-6). Después de recordar a nuestros oyentes el propósito original de Dios para el matrimonio, como lo muestra Génesis 2, podemos entonces dirigirnos a otras Escrituras sobre el matrimonio en su orden cronológico. Podemos enseñar sobre Deuteronomio 24:1, donde Moisés permitió a los rebeldes israelitas desviarse del patrón ideal de Dios para el matrimonio, y después Mateo 19, donde Jesús comenta esta porción de Deuteronomio. Finalmente, debemos dar las enseñanzas de los apóstoles relacionadas con el matrimonio en las epístolas, donde se reafirma el plan original y estándar de Dios para el matrimonio. Imagínese una iglesia donde el método básico de enseñanza fuera enseñar consistentemente la Palabra de Dios como un libro completo. Los maestros metódicamente cubrirían toda la Palabra de Dios haciendo que la congregación avanzara continuamente en su comprensión de toda la revelación de Dios tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. En las ocasiones en que surgieran problemas sería necesario apartarse del programa usual de enseñanza para dar una enseñanza temática correctiva. Como se habría enseñado la Palabra de Dios consistentemente en forma integral, el maestro podría decir, “¿Recuerdan lo que aprendimos anteriormente en tal y cual parte de la Biblia acerca de este tema?”. El maestro podría emplear porciones conocidas de toda la Palabra de Dios como la autoridad para su enseñanza temática correctiva. Fundamentos para comprender el dilema de la ley y la gracia Los creyentes necesitan que se les enseñe el Antiguo Testamento para que puedan distinguir claramente la diferencia entre la dispensación de la ley y la dispensación de la gracia. Los fundamentos del Antiguo Testamento son necesarios para comprender el papel de la ley durante la época de la Iglesia. La diferencia entre la ley y la gracia solamente se puede reconocer si se adquiere un conocimiento básico de la posición de Israel bajo la ley antes de la cruz. El legalismo, que es prominente en muchas iglesias, y devastador de la fe y el andar del creyente, sólo se puede evitar al enseñar progresivamente desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo. Si hay una comprensión clara del propósito de la ley en el Antiguo Testamento, habrá poco peligro de mal uso o una mala interpretación de la ley en el Nuevo Testamento. Será obvio que nadie fue jamás justificado ni santificado por la ley y que los creyentes dependen completa y exclusivamente de la gracia de Dios para la salvación y el andar cristiano. Además, a menos que se enseñe primero la historia de Israel en el Antiguo Testamento, será difícil comprender muchas cosas, por ejemplo: la actitud de los judíos hacia los gentiles en el tiempo de Cristo y el tiempo de la iglesia primitiva; la ira con la cual reaccionaron los líderes judíos cuando el Señor les sugirió que los gentiles también podían recibir la gracia y las bendiciones de Dios; los dilemas de la Iglesia en Hechos respecto del asunto de la aceptación de creyentes gentiles incircuncisos a la plena comunión; por qué fue necesario que el Señor diera a Pedro una visión especial repetida tres veces antes de que él llevara el Evangelio al hogar de un gentil; por qué Pablo fue hostigado de ciudad en ciudad por los descendientes de Abraham; y por qué fue necesario que Pablo se refiriera constantemente a los temas de judío y gentil, ley y gracia, y circuncisión e incircuncisión. Fundamentos del andar cristiano Una vez que una persona profesa ser salva, el maestro promedio tiene tanto celo de ver a este nuevo creyente vivir y servir como cristiano que le da poco tiempo para crecer en conocimiento y experiencia. Se espera que dentro de muy poquito tiempo, él funcione en la iglesia igual que los que han sido cristianos por muchos años. Así como los inconversos deben ser preparados para el Evangelio de la gracia de Dios en la salvación, por medio de una revelación de la naturaleza y carácter de Dios, los creyentes necesitan ser preparados para andar humildemente con el Señor, mediante apreciaciones más profundas de la naturaleza y carácter de Dios. La verdad del versículo: “El temor de Jehová es el principio de la sabiduría” (Proverbios 9:10) no sólo debe aplicarse a los inconversos sino también al creyente y su crecimiento en la santidad. “Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen”(Salmo 34:9). El temor del Señor en la vida del creyente no debe ser miedo a la condenación o ira porque “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Sin embargo, mediante el conocimiento de Dios en Su santidad y gloria como lo revelan las Escrituras, el maestro bíblico debe preparar bases para que el creyente responda a las exhortaciones escriturales a la piedad. El creyente debe crecer continuamente en genuino temor y solemne apreciación de quién y qué es Dios. Solamente esto producirá verdadera humildad bíblica, quebrantamiento de espíritu, mansedumbre y contrición de corazón. El temor del Señor es la preparación para la vida de santidad y obediencia a la cual está llamado el creyente. Las verdades escriturales necesarias para un andar victorioso y santo sólo se pueden comprender, apreciar y apropiar correctamente si se ven e interpretan a la luz de la gloriosa naturaleza, carácter y propósitos eternos de Dios revelados en todas las Escrituras. El hijo de Dios debe verle a Él como la suprema razón de todo lo que hace. El creyente debe responder a las exhortaciones escriturales a la santidad por amor y alabanza a Dios. La base bíblica para que el creyente busque la santidad está resumida en las palabras: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). El apóstol Pablo dice a los creyentes, “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”(1 Corintios 10:31). El fundamento de un servicio a Dios motivado por la adoración es una apreciación bíblica de la supremacía, majestad y santidad de Dios. Los creyentes necesitan llegar a saber quién es Dios antes de que se les enseñe las cosas que, como cristianos, deben o no deben hacer. Algo menos que esto sería un fundamento no escritural e inestable para la vida cristiana, y solamente podría producir experiencias falsas que llevarían a la gente a gloriarse en su propia humildad y dedicación. Exhortar a los creyentes a la santidad antes de que tengan estos fundamentos necesarios les llevará a una conformidad puramente externa y a una obediencia basada en los falsos fundamentos de la voluntad humana y la aplicación carnal. Todo lo que el creyente haga por cualquier razón distinta al genuino amor y apreciación de quién es Dios y lo que Él ha hecho es inaceptable a Dios y es idolatría, incluso cuando los actos del creyente están basados en un mandamiento de la Palabra de Dios. Muchos misioneros sinceros y maestros de la Biblia conducen a los creyentes al legalismo porque no aplican estas pautas bíblicas a sus métodos de enseñanza. Ellos comienzan a enseñar inmediatamente a los nuevos creyentes los “haz” y “no hagas” de la vida cristiana. Parece que pensaran que si sencillamente explican a estos nuevos creyentes que el Espíritu Santo mora en ellos y les comunican otras varias verdades posicionales, entonces este conocimiento producirá en el nuevo creyente la libertad y el poder para obedecer el mandato de Dios a la santidad. Sin duda, estas verdades son de vital importancia y deben ser enseñadas a los creyentes, pero la verdad es que el crecimiento espiritual es un proceso. No se puede forzar. El crecimiento es el resultado de comprender y recibir la Palabra de Dios en el corazón. Es el resultado de la morada de la Palabra de Dios en nuestras vidas (Colosenses 3:16). La Palabra de Dios debe ser plantada en la mente y el corazón para que eche raíces y crezca (Santiago 1:21). El crecimiento del creyente viene no solamente mediante el conocimiento de la Palabra escrita, sino también mediante una relación profunda y personal con la Palabra Viva, el Señor Jesucristo. El creyente debe estar “arraigado y sobreedificado en Él” (Colosenses 2:7; 2 Pedro 3:18). El creyente debe crecer espiritualmente por medio de la enseñanza y apropiación de la Palabra de Dios, así como el cuerpo humano crece y se desarrolla por medio de comer y digerir buena comida (1 Pedro 2:2; Efesios 4:11-16). El cuerpo humano se desarrolla lentamente desde comienzos infinitesimales. Al nacer, el niño tiene todo el potencial del adulto, pero debe haber desarrollo y crecimiento antes de que pueda exhibirse la potencialidad latente del niño. Sobrealimentar a la fuerza a un niño, o darle de una vez comida adultos no promoverá el crecimiento; más bien inhibirá su desarrollo. Lo que es cierto en lo natural es igualmente aplicable en el reino espiritual. El siervo fiel de Dios debe ser cuidadoso y paciente, siguiendo el ejemplo de la paciencia de Dios en la enseñanza y preparación de hombres para Su servicio. No olvidemos cuánto tiempo el Señor tomó para enseñar y preparar a Abraham antes de que Él finalmente le diera el hijo prometido, Isaac, y aun así, hubo más preparación para el patriarca. Debemos considerar la paciente obra de Dios en la preparación de José en una prisión egipcia, de Moisés en el desierto madianita, de Josué como siervo de Moisés, de David en el desierto perseguido constantemente por Saúl, de Juan el Bautista en el desierto, de Jesús como el Hijo de un carpintero de Nazaret durante treinta años, los tres años de preparación de los discípulos, y los tres años de preparación de Pablo en Arabia. Estos son apenas unos pocos ejemplos del trabajo fiel, paciente, y lento de Dios de enseñar y preparar a Sus instrumentos más sobresalientes. Dado que el divino Maestro considera necesario tomar tiempo para instruir y dejar que Sus estudiantes crezcan, nosotros, también, necesitamos “tomar el tiempo” para que la gente quede bien enseñada, no solamente en el Nuevo Testamento, sino también en el Antiguo Testamento. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). Nuestra comprensión de Dios, si se limita a la revelación del Nuevo Testamento, fácilmente se puede estrechar y distorsionar. Los teólogos liberales que tratan de formular una doctrina de Dios a la luz de solamente los Evangelios, rechazando la revelación de Jehová en el Antiguo Testamento, imaginan que Dios nunca juzgaría ni condenaría a los pecadores al castigo eterno. Cuando Pablo enseñó las verdades del andar cristiano, lo hizo sobre la base de las Escrituras del Antiguo Testamento. A los corintios dijo: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar” (1 Corintios 10:1). Pablo no quiso que ellos ignoraran estos relatos del Antiguo Testamento: ¿Por qué no? Porque dijo: “Estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron (…) y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”(1 Corintios 10:6,11). La presentación que Pablo hizo de Dios incluyó las revelaciones históricas de Dios a la nación de Israel. Pablo recordó a Timoteo que, desde niño, él había conocido las Sagradas Escrituras, las cuales pueden hacer a una persona sabia para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Pablo continuó diciendo: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16,17). Debe ser claro para todos los maestros de la Biblia que Pablo se refiere a las Escrituras del Antiguo Testamento, así como también a la revelación del Nuevo Testamento. ¿Cuál, pues, es la mejor manera de enseñar a fin de dar a los creyentes un conocimiento de Dios como base para su andar cristiano? Debemos enseñar toda la Escritura conforme al patrón que Dios proveyó y manifestó en Su Palabra. Si no reconocemos ni comprendemos los principios de enseñanza de las Escrituras, no nos convenceremos de su importancia para el desarrollo espiritual y crecimiento de los creyentes. La enseñanza por medio de la edificación esmerada y progresiva parecerá innecesariamente ardua y larga. La manera más rápida y eficiente parecerá ser: “Olvídese de la mayor parte del Antiguo Testamento y de las otras Escrituras introductorias. Siga adelante y enseñe la vida cristiana”. Esta manera de pensar es parecida a la que argumenta que la enseñanza de las porciones históricas del Antiguo Testamento a gente inconversa toma demasiado tiempo. En la mayoría de los casos, no es el factor tiempo lo que nos hace pensar de esta forma, sino una falta de entendimiento de los métodos escriturales de enseñanza por no apreciar el propósito del Señor al escribir las Escrituras así como Él lo hizo. Fundamentos para futuros maestros Es la responsabilidad de cada maestro de la Biblia enseñar la Palabra de Dios de una manera tal que toda la congregación de la iglesia pueda interpretar todas las doctrinas a la luz de la revelación completa de Dios. Pero, ¿quiere decir esto que el misionero o maestro de la Biblia que se dedica a la tarea de enseñar a un grupo de creyentes a fin de establecer una iglesia neotestamentaria debe enseñar todos y cada uno de los versículos de la Palabra de Dios, comenzando en Génesis y concluyendo con Apocalipsis? ¡No! Ésa no es su responsabilidad. La responsabilidad principal del maestro de la Palabra es echar los cimientos. Debe instruir y preparar a la congregación local y encomendarles la responsabilidad de continuar edificando sobre los fundamentos que él les ha puesto de la Palabra de Dios (1 Corintios 3:10-15; Efesios 4:11-13; 2 Timoteo 2:2). Quien echa los cimientos es responsable de garantizar que los fundamentos que pone sean lo suficientemente amplios para apoyar todo lo que enseñen posteriormente otros maestros. Si los fundamentos son inadecuados y de alguna manera deficientes, los maestros que sigan no tendrán las bases necesarias para enseñar todo el consejo de Dios. Quien pone las bases debe establecer los fundamentos teológicos, históricos, dispensacionales, y doctrinales que sostengan cada parte de la revelación de Dios, para que los futuros maestros de la iglesia puedan exponer correctamente e interpretar toda la revelación de Dios y todas las doctrinas tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. ¿Cuál es, pues, la manera más sencilla de hacerlo? ¿Debemos tener una lista de doctrinas para ir tachándolas a medida que las enseñemos? Si lo hacemos, los futuros maestros dependerán tanto de nuestros bosquejos doctrinales como de sus Biblias. Cada embajador de Jesucristo debe determinar que, al enseñar a los creyentes, será guiado por los principios divinos demostrados en la Palabra de Dios. Al seguir de cerca los principios divinos, el maestro habrá hecho todo lo que esté a su alcance para ligar los corazones y conciencias de sus oyentes a la completa Palabra de Dios y a su glorioso Autor. Ya que las pautas bíblicas que hemos explicado deben aplicarse, no solamente como la base para la evangelización, sino igualmente para la enseñanza de los creyentes, nuestra metodología no debe cambiar cuando avancemos de la evangelización a la fundación de la Iglesia. Lo que se aplica a uno se aplica al otro. Si enseñamos en forma integral para la evangelización, y luego enseñamos temáticamente a la iglesia resultante, esos creyentes heredarán todos los problemas y las deficiencias tan evidentes en el entendimiento de muchas iglesias occidentales. Además, si nosotros, por nuestro ejemplo, damos a la iglesia tribal la impresión de que la manera correcta de enseñar la Palabra de Dios a los creyentes es por medio de la enseñanza temática, ellos entonces probablemente nos imitarán. En los años subsecuentes, el estudio cronológico integral de la Biblia y la comprensión de la revelación progresiva de Dios rara vez, si acaso, tendrá lugar en su programa de enseñanza. Si nosotros hemos formado la convicción de que éstos son los principios fundamentales para nuestro propio ministerio, entonces desearemos garantizar que las iglesias constituidas mediante nuestros esfuerzos continúen enseñando las Escrituras exposicional e integralmente, cubriendo la Biblia entera como un solo libro, así como Dios se los ha dado. Debido a la necesidad de un programa de enseñanza panorámico y progresivo para los creyentes, el Señor me guió a expandir el bosquejo de enseñanza cronológica más allá de la Etapa I, que es para evangelización (véase el capítulo 6) para incluir 6 etapas adicionales. El bosquejo completo de enseñanza cronológica Estas 6 etapas finales están concebidas para guiar al misionero y después a los maestros tribales en la confirmación de los nuevos creyentes y la instrucción de los creyentes que maduran en su comprensión de toda la Palabra de Dios. Cada una de las etapas será presentada con mayor detalle en los siguientes tomos de esta serie, pero daremos aquí una breve explicación de cada una con el fin de ayudar al lector a entender el programa de enseñanza para creyentes. Etapa I (Para creyentes) Hay muchos creyentes en las iglesias a quienes no se les ha enseñado integralmente las Escrituras. Desde cuando fueron salvos, estos cristianos han recibido enseñanza temática casi exclusivamente. Por tanto, su entendimiento de las Escrituras es fragmentario, porque está constituido de versículos aislados y porciones de las Escrituras. No entienden la Biblia como un solo libro. En este tipo de situación, es mucho más efectivo empezar con la Etapa I, poniendo los fundamentos correctos, y sobre esta base sana, continuar edificando escrituralmente. La sección del Antiguo Testamento de la Etapa I debe enseñarse sin ser interpretada por el Nuevo Testamento, para que los creyentes vean y entiendan el desarrollo progresivo de la revelación de Dios. Los creyentes a quienes se les ha enseñado la Etapa I, sea como miembros de un grupo mixto de creyentes e inconversos o como un grupo exclusivo de creyentes, se han beneficiado muchísimo al tener la visión cronológica y panorámica de la historia de la redención. Mediante esto, se les ha enseñado la base de la fe y salvación de los santos del Antiguo Testamento. También han recibido el trasfondo del Antiguo Testamento necesario para una interpretación correcta del Nuevo Testamento. La enseñanza de la Etapa I también ha demostrado a los creyentes cómo evangelizar mediante la enseñanza inicial del Antiguo Testamento para convencer a las personas de que son pecadoras sin esperanza, incapaces de salvarse, en vez de tratar de persuadirles de que necesitan un salvador mientras todavía están contentos en su pecado o confiando en su propia justicia. Don [Donaldo] y Janet Schlatter, quienes han ministrado a la gente de la tribu lawá del norte de Tailandia durante muchos años, han visto al Señor salvar a muchos lawá. Los Schlatter enseñaron a estos creyentes a funcionar como miembros de iglesias autóctonas. Ahora, después de muchos años, Donaldo está enseñando la Etapa I a las iglesias lawá. Él escribió:
Antes de que se les enseñara el Antiguo Testamento, los maestros de la tribu aziana limitaban sus ilustraciones del juicio de Dios sobre el pecado a experiencias locales dentro de la tribu. Ellos no conocían los pasajes del Antiguo Testamento de la revelación del carácter de Dios, de modo que cuando querían dar pruebas históricas de la descripción bíblica de Dios, buscaban evidencia y verificación en los sucesos locales dentro de la tribu. Pero los incidentes locales que inicialmente parecían a la gente de la tribu ser el juicio de Dios sobre individuos se hacían borrosos con el paso del tiempo. Versiones diferentes y distorsionadas de los incidentes también disminuían su eficacia como advertencias a quienes desatendían las Escrituras. Todo esto cambió una vez que a los maestros aziana se les enseñó el Antiguo Testamento. Ya podían usar ilustraciones de sucesos históricos escritos con la correspondiente interpretación en las Escrituras. Su enseñanza del Nuevo Testamento estaba ahora acentuada con relatos históricos antiguotestamentarios del juicio de Dios y de Su provisión bondadosa, los cuales no se podían cambiar ni desacreditar. Ahora ellos podían usar los escritos del Antiguo Testamento con el propósito por el cual fueron consignados por el Señor. Etapa II (Para nuevos creyentes) La Etapa II es un repaso del material visto en la Etapa I, con distintos temas y la adición de otras historias del Antiguo Testamento que son fundamentos necesarios para estudiar los libros de Hechos a Apocalipsis, Etapas III y IV. La Etapa II enfoca el cumplimiento por Cristo de todas las profecías del Antiguo Testamento concernientes al Redentor prometido, y la satisfacción de todas las justas y santas demandas de Dios a favor de todos los que confían en Él. Mientras el énfasis de la Etapa I es sobre la salvación, el énfasis de la Etapa II es sobre la seguridad del creyente. La Etapa II también hace énfasis en el ministerio del Espíritu Santo. Las promesas referentes a la venida del Espíritu Santo, tanto del Antiguo Testamento como en los Evangelios se estudian durante la Etapa II. Esto sirve como introducción y base para los Hechos de los Apóstoles (Etapa III) y para el resto del Nuevo Testamento (Etapa IV). Cuando los creyentes comprendan el poder del Espíritu Santo a través de toda la historia y cómo llevó a cabo los propósitos de Dios en el mundo y en las vidas de Sus hijos, estarán preparados para entender y apreciar la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés como el Consolador, Motivador, Ayudador, y Morador permanente en todo creyente. La introducción y los fundamentos para una apreciación plena de la increíble solemnidad del hecho de que Dios habitara en los cuerpos humanos de los creyentes como templo suyo se halla en el Antiguo Testamento. Así como no se puede apreciar la cruz completamente a menos que la persona sea expuesta a los terrores de los justos juicios y la ley de Dios en el Antiguo Testamento, tampoco podrán apreciar plenamente la maravilla de Dios morando en los creyentes aquellos quienes no han sido enseñados acerca de la gloria de Dios manifestada en el tabernáculo y el templo. Los misioneros que han enseñado a nuevos creyentes la Etapa II dan testimonio de los beneficios y bendiciones recibidos. Cuando Jack e Isa Douglas estaban enseñando la Etapa II en Papúa Nueva Guinea, escribieron: Merrill [Mario] y Teresa Dyck en Venezuela también reportaron bendición al enseñar la Etapa II a la gente de la tribu pumé. La Etapa III es una exposición elemental de las porciones básicas del libro de los Hechos, en la cual se relata la historia que sigue después de la ascensión de Cristo, mostrando el cumplimiento de todas las promesas concernientes al Espíritu Santo y proporcionando el trasfondo histórico necesario para comprender las epístolas. El libro de los Hechos nos cuenta la historia del esparcimiento geográfico del cristianismo desde sus comienzos en Jerusalén, el centro del mundo judío, hasta Roma, entonces la capital de los dominios gentiles. Así como el Antiguo Testamento proporciona el trasfondo y los fundamentos necesarios para entender el Nuevo Testamento, el libro de los Hechos es la introducción a los escritos de los apóstoles. George [Jorge] Walker, misionero en Papúa Nueva Guinea, nos cuenta de las bendiciones recibidas por los cristianos de la tribu bisorio cuando se les enseñó la Etapa III. La Etapa IV es una exposición sencilla de las porciones básicas de cada uno de los libros restantes del Nuevo Testamento con énfasis en la función de la iglesia del Nuevo Testamento y el andar del creyente. George Walker escribió al respecto: El énfasis en la Etapa V es sobre la santificación del creyente. Comienza en Génesis y concluye con la ascensión. Esta etapa está dirigida al creyente que madura en la fe, habiendo ya recibido la enseñanza de las otras cuatro etapas. La porción antiguotestamentaria tiene que ver con la obra santificadora de Dios en las vidas de Sus siervos y Su pueblo Israel. Sirve como una base para la enseñanza sobre la comunión cristiana de los hijos de Dios. En la porción que abarcan los evangelios se hace énfasis en la instrucción espiritual recibida por los discípulos mediante su comunión con el Señor Jesús. Etapa VI (Para creyentes que maduran en la fe) La Etapa VI cubre el libro de los Hechos en una exposición versículo a versículo de todo el libro. El énfasis es sobre la guía, preparación y obra santificadora del Espíritu Santo en la iglesia primitiva y en la vida del apóstol Pablo. Etapa VII (Para creyentes que maduran en la fe) El propósito de la Etapa VII es enseñar exposicionalmente a lo largo de los libros restantes del Nuevo Testamento. Se sigue con el énfasis sobre la iglesia y el andar del creyente. Que el Señor le dé a usted sabiduría para enseñar las Escrituras cronológicamente para la evangelización, y luego a los hijos de Dios de acuerdo con la manera progresiva histórica que Él usó. Las siete etapas que se enseñan con detalle en los tomos sucesivos de esta serie han sido preparadas para guiarle a usted en este propósito.
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