Capítula 7

Capítulo 5

Los principios divinos de construcción

Durante los primeros cinco años que trabajamos con el pueblo palawano, muchos llegaron a comprender la justificación por fe mediante la gracia de Dios. Muchos que anteriormente habían sido meros profesantes de la salvación fueron salvados, y otros recibieron seguridad y claridad respecto a su salvación personal. No solamente estaba enseñando yo la justificación por fe, sino que otros misioneros entre los palawano también se habían dado cuenta de la verdadera condición de las iglesias palawanas y se habían dedicado a la tarea de fortalecer los fundamentos básicos de la fe de la gente. ¡Qué emocionante es ver a las personas confiar solamente en Cristo!

¿Cómo podrían estos bebés en Cristo ser mejor nutridos y alimentados? Con tanta gente que enseñar, yo me sentía como un médico que dispensaba vitaminas a un pueblo desnutrido y hambriento. Nuestro programa de enseñanza itinerante era totalmente inadecuado para satisfacer las necesidades de estos creyentes inmaduros y edificarlos en la fe. Decidí apartarme del método de enseñanza predominantemente temático para comenzar la exposición versículo por versículo. Pasé a vivir con mi familia en un lugar cerca de seis pequeñas iglesias y empecé a darles a estas congregaciones palawanas enseñanza exposicional concentrada.

Como las congregaciones de estas seis iglesias eran una mezcla de salvos, meros profesantes y unos pocos que ni siquiera se consideraban hijos de Dios, empecé a enseñar exposicionalmente el Evangelio de Juan. Empecé con gran entusiasmo, pero pronto se hizo evidente que mis oyentes no estaban listos para un estudio exposicional de Juan. Ellos no podían entender ninguno de los versículos que contenían referencias directas o alusiones a personas o sucesos del Antiguo Testamento porque nunca se les había enseñado la secuencia bíblica de eventos del Antiguo Testamento como una historia completa.

Los siguientes ejemplos muestran algunos problemas que encontré:

  • Juan 1:1: “En el principio era el Verbo” Aunque los misioneros anteriores han de haber enseñado acerca de “el principio”, la historia era borrosa e incierta para los indígenas. Por lo tanto, tuve que regresar a Génesis 1 para enseñar sobre el principio del tiempo.
  • Juan 1:1: “Y el Verbo era con Dios” Primeramente les expliqué que “el Verbo” era otro título para el Señor Jesús. Pero fue evidente que el pueblo palawano no comprendía que Jesús estuviera con el Padre antes del principio.
  • Juan 1:3: “Todas las cosas por Él fueron hechas” La gente no entendía que cuando se menciona a Dios en Génesis 1, esto incluye al Hijo de Dios.
  • Juan 1:11: “A lo suyo vino” Esto significó poco a los palawano ya que no conocían el trasfondo del llamamiento a Abraham, las promesas mesiánicas y la historia de Israel.
  • Juan 1:14: “Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria)” Esto alude al tabernáculo del Antiguo Testamento y a la gloria Shekinah en la cual Dios moraba en medio de Israel. Los palawano no conocían estas historias.
  • Juan 1:17: “La ley por medio de Moisés fue dada” La gente tenía conocimiento insuficiente de la cronología de la historia bíblica y no sabía dónde encajaban los personajes del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento en la secuencia de los eventos. Indagaban si Moisés y Juan el Bautista eran contemporáneos y se preguntaban si Jesús estuvo en la tierra al mismo tiempo que los personajes del Antiguo Testamento que les mencionamos.
  • Como los muestran estos pocos ejemplos, el Evangelio de Juan está lleno de referencias al Antiguo Testamento. Debido a la poca comprensión del Antiguo Testamento por parte de los palawano, yo tenía que suspender intermitentemente la exposición del Evangelio de Juan para enseñar la historia o la verdad del Antiguo Testamento a la cual se refería Juan. Esta manera fragmentaria de enseñar era frustrante para mí como maestro y confundía a mis oyentes. Concluí que debía existir una forma más clara y menos complicada de enseñar las Escrituras. Había dado un paso de gran importancia cuando me aparté de la enseñanza predominantemente temática para realizar la exposición directa versículo por versículo de los libros del Nuevo Testamento. Sin embargo, ahora era evidente que escoger un libro y enseñarlo exposicionalmente no era la respuesta completa a la enseñanza clara de las Escrituras. ¿Cuál era la solución?

    Un libro

    Las Escrituras fueron diseñadas con un comienzo y una conclusión definidas. Entre el comienzo y el final hay incidentes que, cuando se enseñan y se comprenden en su secuencia histórica, forman un relato completo, coherente, y comprensible. Si uno fuera a enseñar los contenidos de cualquier otro libro, naturalmente empezaría por el principio y seguiría el progreso del tema a medida que el autor lo desarrolla y lo lleva a su conclusión lógica. ¡No sorprende que hayamos tenido dificultades al enseñar el Nuevo Testamento a los palawano!

    Anteriormente, me había acercado a la Biblia como a un libro que contenía el mensaje del Evangelio. Ahora empecé a considerar la Biblia integralmente, como el mensaje completo y unificado de Dios para toda la humanidad. Me di cuenta de que el Antiguo Testamento no es una recopilación de relatos interesantes para ser usados sólo como tipos e ilustraciones de la verdad del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es la introducción, el fundamento y la autoridad de la historia de Cristo que presenta el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento es ampliamente la más importante fuente de material de antecedentes para la interpretación de los eventos históricos del Nuevo Testamento. Así como Dios nos ha dado dos labios que son necesarios para la comunicación verbal clara, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son indispensables para la comunicación del mensaje completo de Dios al mundo.

    Una historia

    Toda la Biblia es el mensaje de Dios acerca de Su Hijo, el Salvador. El propósito principal de Dios al escribir Su libro fue revelar a Cristo. El Antiguo Testamento es la preparación para Cristo. El Nuevo Testamento es la manifestación de Cristo. Las Escrituras revelan a Cristo desde Génesis hasta el Apocalipsis. Jesús dijo a los judíos de su época: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). El sentido de toda la Biblia se halla en el Señor Jesucristo. Jesucristo es el origen, la sustancia y el objeto de toda la revelación divina.

    La historia de Cristo empieza en el primer versículo de Génesis, porque Él estaba ahí en el principio. Pero no es sino hasta la caída del hombre que es prometido el Hijo de la virgen, aquel que vencería a Satanás y liberaría a los cautivos. La historia de Cristo continúa entonces a través de todo el Antiguo Testamento en numerosos tipos y profecías. El Nuevo Testamento narra el cumplimiento de estas profecías a través de Su nacimiento, vida, muerte, ascensión y gloria actual. La historia de Cristo que cuentan los evangelios es la continuación del Antiguo Testamento.

    El Evangelio de Mateo empieza con la historia del nacimiento de Cristo, no como el comienzo de la historia sino como el cumplimiento y la consumación de todo lo que fue escrito previamente. Mateo relaciona la historia de Cristo con Abraham, a quien Dios había dado esta promesa: “Serán benditas en ti todas las familias de la Tierra”(Génesis 12:3). Ésta y todas las demás promesas dadas a Abraham habían de cumplirse por medio de su Simiente “la cual es Cristo” (Gálatas 3:16).

    El Evangelio de Marcos inicia la crónica de la vida de Cristo casi sin introducción, no obstante, Marcos tiene el cuidado de recordar a sus lectores que esta historia no es el comienzo, sino el cumplimiento de lo que fue “escrito en Isaías el profeta” (Marcos 1:2).

    Lucas se remonta a la genealogía de Cristo desde Adán. Al hacerlo, Lucas nos muestra que la historia que él escribió no se puede entender al leer solamente de María y José o de Jesús nacido como bebé en Belén. Para entender claramente el Evangelio de Lucas, debemos ser también conscientes de la parte de Adán como el primer hombre del drama histórico de la Biblia.

    El Evangelio de Juan nos cuenta la historia del Verbo, lo cual empieza en la eternidad. Continúa en la creación de todas las cosas por el Verbo y seguidamente en Su encarnación (Juan 1:14). La historia futura del Verbo se cuenta en Apocalipsis, donde se le describe como “vestido de una ropa teñida en sangre” (Apocalipsis 19:13).

    Cuando Jesús quiso hacer que dos hombres desilusionados y tristes vieran la necesidad de Su muerte, se volvió al Antiguo Testamento, “Y comenzando desde Moisés[Génesis a Deuteronomio], y siguiendo por todos los profetas [las demás Escrituras del A.T.], les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían” (Lucas 24:27).

    Como no se puede enseñar ni entender claramente la historia de Cristo aparte de sus comienzos revelados por Dios, los cuales se hallan únicamente en el Antiguo Testamento, nos compete introducir primeramente el comienzo antiguotestamentario y después enseñar su culminación en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento Dios ha dado tipos y analogías de la redención para preparar a la gente para que comprenda la historia neotestamentaria de Cristo. Estos tipos y analogías de la redención del Antiguo Testamento profetizan e interpretan el nacimiento, vida, muerte, sepultura y resurrección del Señor Jesucristo.

    En vez de hacer hincapié en las analogías de la redención del Antiguo Testamento como base para entender la historia de Cristo, algunos misioneros parecen depender más de analogías de la redención halladas en las culturas de los grupos étnicos que evangelizan. Un joven misionero que regresaba de licencia a su país de origen pasó por Australia. Cuando hablé con él, se me hizo obvio que estaba desanimado por la falta de progreso en su trabajo misionero. Cuando le pregunté si le había presentado el Evangelio a la gente, me dijo que no lo había hecho. En seguida le pregunté por qué había pasado tanto tiempo en la tribu sin empezar a evangelizar. La razón que me dio fue que, a pesar de todas sus indagaciones, no había podido encontrar la analogía de la redención de esa cultura ni nada que le pareciera una clave divina para que ellos comprendieran claramente y aceptaran el Evangelio. Por la falta de una clave o una analogía de la redención, carecía de confianza para predicar el Evangelio a esta gente perdida de la tribu. Como él iba de regreso a los Estados Unidos, le pregunté: “¿Cuál es la analogía de la redención o la clave dada por Dios para abrir la puerta de la comprensión de la salvación en la cultura norteamericana?”. Como él no supo contestar, respondí: “Según lo que tú dices, no valdría la pena enseñar el Evangelio ni a tus propios paisanos sin primero encontrar la clave”.

    Si Dios ha puesto un medio tan efectivo de bendición dentro de algunas culturas, entonces sin duda podemos esperar que el Señor lo haya puesto en todas. Si es cierto que Dios ha escondido analogías de la redención dentro de las culturas de los pueblos primitivos para que sirvan como las claves para abrir su entendimiento a la aceptación de la Biblia, Dios, Cristo y la salvación, deberíamos buscarlos sin cesar. Pero, ¿cómo sabemos cuándo hemos hallado la clave precisa? ¿Quién decidirá eso? ¿Cuál será nuestro criterio o medida? Si concluimos que hemos encontrado la clave porque vemos que la gente de la tribu comprende y acepta el Evangelio, ¿cómo sabemos que no hay otra clave más apropiada preparada por Dios que espera ser usada para abrir la puerta cultural a un movimiento aun mayor de Dios y el Evangelio?

    Las leyendas y los rituales culturales de los indígenas que se parecen a las historias bíblicas y a los ritos y las ceremonias del Antiguo Testamento no son las claves dadas por Dios para abrir el entendimiento de la gente al Evangelio. Estas leyendas y rituales son remanentes de la verdad que conocía toda la raza humana antes de la dispersión en la Torre de Babel. Han pasado de una generación a otra oralmente en las sociedades primitivas y han sido cambiados y distorsionados grandemente. Se ha dejado a un lado voluntariamente la verdad de Dios una vez conocida, por las mentiras de Satanás (Romanos 1:18-32). Una de las ilustraciones más claras de esto sería el uso generalizado de la sangre como medio de apaciguamiento y sacrificio. Este conocimiento se originó con los sacrificios de sangre que Dios ordenó después de la caída del hombre. Los sacrificios de sangre, una vez mandados por Dios como la única manera para acercarse a Él, se usan ahora en muchas culturas tribales como sacrificios a Satanás y a los espíritus malignos.

    Es necesario que los misioneros aprendan todo lo que puedan acerca de la cultura, el folclor y las creencias de los pueblos que pretenden alcanzar para Cristo, y deben utilizar ilustraciones y analogías culturales de la redención al enseñar la Palabra de Dios. Éstas, sin embargo, no toman el lugar de la preparación de los corazones de los pecadores mediante la proclamación de las Escrituras. Las analogías e ilustraciones culturales, a pesar de su claridad, fuerza de convencimiento, o increíble paralelismo bíblico, nunca deben tener preeminencia sobre los tipos y analogías bíblicas de la redención. Las analogías culturales de la redención no reemplazan las analogías de la redención dadas por Dios en el Antiguo Testamento que tan gráficamente tipifican a Cristo y Su obra de redención. Algún significado secreto o connotación maligna puede estar escondido en las analogías culturales de los cuales el misionero puede ser totalmente inconsciente. Si el misionero depende de las analogías culturales, en vez de las analogías bíblicas, sin querer puede llevar a la gente a un entendimiento errado y a un sincretismo lastimoso.

    Jesús dijo a los fariseos que la verdad de la Palabra de Dios libera a los cautivos de Satanás de la esclavitud del pecado, y declaró en Su oración a Su Padre: “Tu palabra es verdad” (Juan 8:32, 17:17). Pablo le encargó a Timoteo “que prediques la palabra” (2 Timoteo 4:2). Cuando se cree la viva y permanente Palabra de Dios, la semilla imperecedera, resulta en almas nacidas de nuevo (1 Pedro 1:23). No existe evidencia en las Escrituras que pruebe que la Palabra de Dios es eficaz para liberar a la gente de las tribus del dominio de Satanás únicamente cuando es interpretada mediante analogías culturales de la redención. Dios nos ha dado armas espirituales con las cuales hemos de combatir a Satanás, y destruir sus fortalezas, argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Corintios 10:3-5).

    Las analogías bíblicas de la redención dadas por Dios a Israel eran también para todo el mundo. “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza”(Romanos 15:4). Dios no ha hablado directamente a los gentiles, sino que escogió hablar a los gentiles por medio de Su Palabra dada a Israel y a la Iglesia. Todos los pueblos deben venir a la luz de Dios que alumbra desde las Escrituras. Por la infinitamente sabia y soberana elección de Dios, toda la historia redentora y el inicio de la Iglesia de Jesucristo tuvo lugar dentro del marco cultural, histórico y geográfico de la nación de Israel. Por lo tanto, nadie puede comprender la historia del Nuevo Testamento sin un conocimiento básico del origen, desarrollo e historia de Israel explicados en el Antiguo Testamento.

    El Señor creó a la nación de Israel para Sí mismo, para usarla como testigo suyo y canal de bendición a toda la humanidad (Isaías 43:1,10-12,21). Las promesas del Señor a Abraham, el progenitor de Israel, indicaron que las bendiciones de Dios por medio de él y su Simiente se extenderían a “todas las familias de la tierra” (Génesis 12:1-3). Esta promesa se cumplió en Cristo, la Simiente prometida, pero también en las Escrituras, confiadas a Israel como la única revelación de Dios al mundo. Todas las demás naciones fueron confinadas a quedar en la ignorancia, sin Dios y sin esperanza, a menos que estuvieran dispuestas a aceptar la verdad y sabiduría que fueron dadas por medio del canal escogido de Dios, Israel. El Señor dijo a Israel: “A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades” (Amós 3:2). En contraste, Dios habla de las naciones gentiles (antes de Pentecostés), como de un “pueblo que yo no conocía” (Salmo 18:43).

    La Biblia es la única revelación de Dios al mundo. Ésta es la verdad fundamental del cristianismo. El budismo, el hinduismo, el mahometanismo y muchas otras religiones falsas están ganando convertidos debido a que unos escritores modernos “cristianos” de doctrina liberal afirman que la verdad no se limita a las Escrituras hebreo-cristianas, sino que también se encuentra en los escritos de otras religiones del mundo. La “verdad” de los pueblos tribales animistas se fundamenta en el folclor y en las revelaciones de parte de los espíritus (1 Timoteo 4:1). La responsabilidad del misionero cristiano es establecer claramente, mediante la enseñanza de las Escrituras, que la revelación de la verdad de Dios para todos los pueblos no fue dada por medio de alguna nación distinta a Israel y que esta revelación se halla exclusivamente en la Biblia. Por consiguiente, si las tribus y naciones del mundo han de conocer la verdad y las bendiciones de Dios, deben dirigirse a la Biblia como la única revelación divina, genuina y completa. Esta revelación de Dios empezó con el Antiguo Testamento y se completó con la revelación del Nuevo Testamento en el Mesías de Israel, Jesús de Nazaret, y por medio de Él. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1,2).

    La Biblia es, pues, un solo libro. El Antiguo Testamento es la introducción y única base para la comprensión e interpretación de la historia del Nuevo Testamento respecto a Cristo y Su obra redentora. Pero, ¿nos ha dicho Dios solamente qué enseñar para que decidamos nosotros cómo enseñarlo? A medida que continuó mi búsqueda, se me hizo claro que el Señor escribió las Escrituras no solamente para decirnos qué enseñar sino también para demostrar los principios y pautas sobre cómo debemos enseñar Su mensaje al mundo. Los métodos divinos de enseñanza son los mejores y Él quiere que los estudiemos y seamos guiados por ellos cuando enseñemos Su Palabra a otros.

    La forma literaria de la Biblia

    Dios es el Maestro por excelencia y Sus alumnos somos todos los seres con inteligencia. Ninguno puede escaparse de Su aula de clase, el universo. Los ángeles y aun Satanás y sus demonios están sujetos a los procesos de enseñanza de Dios (Efesios 3:10). La voz de Dios es oída de innumerables maneras en toda la creación.

    El hombre, creado en la tierra por Dios y para Dios, debía ser el alumno atento de Dios. La voz de la sabiduría de Dios dice: “Oh hombres, a vosotros clamo; dirijo mi voz a los hijos de los hombres. Entended, oh simples, discreción; y vosotros, necios, entrad en cordura” (Proverbios 8:4-5).

    El Maestro omnisciente escribió un libro para enseñar y llevar a la humanidad a la plena comprensión de la verdad acerca de Sí mismo y Su perfecta voluntad para todos los seres creados. Como Creador del hombre, comprende perfectamente las funciones de su mente. Dios sabe cómo cautivar la imaginación humana y conducir a las personas a una comprensión clara de la verdad.

    El autor de cualquier libro debe decidir cuál estilo literario considera más apropiado para su tema y sus lectores. El autor de libros para niños debe manejar el material a presentar de una manera apropiada al tema, teniendo en cuenta las limitaciones de la mente de un niño; mientras que una persona que escribe para adultos debe escoger un método de presentación adecuado al tema de su libro y a la inteligencia de sus lectores adultos.

    El Maestro divino, perfecto conocedor de Su materia y Sus alumnos humanos, escogió el estilo literario más adecuado para Su libro. Este libro ha sido confiado a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. A la Iglesia, representante de Dios en la tierra, se le dio la Biblia para que llevara el mensaje de Dios de reconciliación al mundo (2 Corintios 5:18-20). Sin embargo, la Iglesia en general ha actuado como un maestro quien, habiendo recibido un manual de enseñanza bien preparado, ignora el método y el estilo de presentación elegido por el autor y compone y reorganiza la materia completamente, inventando su propio formato. En la mayoría de los casos, los maestros de las Escrituras de cada rama de la Iglesia, desde la escuela dominical hasta el campo misionero, han dejado de considerar y seguir la forma didáctica de Dios tan claramente demostrada en Su manual de enseñanza, la Biblia.

    Historia

    Lo que Dios inscribió en las Escrituras sucedió en realidad en el tiempo y el espacio. Dios habló. Dios actuó. Dios se relacionó con seres humanos reales, históricos. El contenido de la Biblia es pertinente a las personas de todas las épocas, no importa su cultura, porque la Biblia es un libro de historia real. Nos podemos identificar con aquellas personas cuyas vidas se cuentan en la Biblia. Dios se relacionó y habló con personas reales, con gente como nosotros.

    Dios se ha revelado a través de Sus hechos en la historia. Cuando Dios necesitaba recordarle a Israel su verdadera identidad, Él destacaba Su relación histórica con los patriarcas, sus antepasados. El Señor dijo a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre para siempre (Éxodo 3:15).

    El Señor constantemente le recordó a Su pueblo escogido. “Si ustedes quieren saber quién soy Yo y qué soy, entonces recuerden cómo actué en relación con sus padres Abraham, Isaac y Jacob. Recuerden cómo actué en mi relación con ustedes como nación. Recuerden cómo los saqué de Egipto. Miren lo que hice a los egipcios por medio de las plagas que hice caer sobre esa nación pecaminosa. Recuerden cómo los libré en la pascua y en el Mar Rojo. No olviden cómo los traté en el desierto. ¿Dejó de cumplirse alguna de mis promesas? Recuerden cómo los traje a esta tierra que les prometí. Recuerden que traje juicio sobre ustedes por su idolatría y los llevé a Asiria y Babilonia pero les restauré a su propia tierra en cumplimiento de mis promesas”. Dios se reveló a Sí mismo en Su andar a lo largo de la historia con el hombre. En la Escritura hay citados muchos incidentes relacionados con eventos de la historia de Israel por medio de los cuales Dios reveló Su naturaleza y carácter (Éxodo 3:13-15; Deuteronomio 7:18-19,8, 11:1-7; Salmos 105;106;111;7:18-19;8;11:1-7).

    Como Dios se reveló activamente en el contexto de los eventos históricos que relatan las Escrituras, los líderes y profetas de Israel constantemente repasaban y recordaban al pueblo de Israel su historia.

    La fe de Israel descansaba en el Dios que se reveló a través de Sus actos. Esto se ve en el continuo recuerdo por medio de la fiesta de la pascua de su liberación de Egipto por Dios. La fe de cada generación debía edificarse sobre el fundamento firme del Dios de la historia quien se había revelado a Sí mismo como el Redentor de Israel en esa noche memorable en Egipto (Éxodo 12:24-27). A cada generación sucesiva de israelitas se les enseñaron los hechos históricos concernientes a la redención de Dios para ellos como pueblo. Cada individuo israelita tenía que ejercer personalmente la fe si había de participar en la salvación del Señor, pero esta fe no constaba de una especie de experiencia subjetiva personal. Era fe en el Señor de la historia, el Redentor de su nación. Cuando los israelitas participaban por fe en las celebraciones de la pascua, estaban expresando su fe en el Dios de Israel, el Dios de la redención, el Dios de la historia, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Ellos conmemoraban un evento histórico que les había traído salvación como nación. Conocían y confiaban en Dios tal como Él se había revelado a Sí mismo en la historia.

    Dios no solamente ha mostrado cómo es Él en acción en el Antiguo Testamento, sino también en el Nuevo Testamento. Cuando Dios planeó mostrarnos final y completamente cómo es Él, intervino en la historia en la persona de Jesucristo Su Hijo. ¿Qué respondió Jesús cuando Felipe dijo: “Señor, muéstranos el Padre, y nos basta”?Él dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? Él que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:8,9). Los discípulos necesitaban comprender que Jesús era Dios en acción. Él era Dios, viviendo, hablando, caminando y predicando ante ellos. Si ellos querían ver cómo era Dios, debían mirar, escuchar y creer al Señor Jesús. “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

    Dios estaba en acción en el Antiguo Testamento como Jehová. Dios estaba en acción en el Nuevo Testamento como Jesucristo. Dios estaba en acción en los Hechos de los Apóstoles en la persona del Espíritu Santo.

    El énfasis de los apóstoles

    Los apóstoles reconocieron el Antiguo Testamento como el testimonio escrito de la participación de Dios en el mundo y especialmente con Su pueblo escogido en preparación para la venida del Salvador. El Antiguo Testamento era la Biblia de la iglesia primitiva. La predicación apostólica registrada en el libro de los Hechos hizo énfasis primero en los actos históricos de Dios con relación a Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David y la nación de Israel. Los apóstoles entonces relacionaban estos hechos de Dios en el Antiguo Testamento con la revelación de Sí mismo en la historia de Su Hijo, Jesús de Nazaret. Los apóstoles interpretaban la venida de Cristo, Su vida, muerte, resurrección, gloria presente y todas las revelaciones futuras de Su majestad, sobre la base de los relatos históricos y las profecías del Antiguo Testamento. Usaban el Antiguo Testamento para autenticar la afirmación de Jesús de Nazaret de ser el Cristo. Para ellos, la historia de Cristo empezaba mucho antes de haberle conocido junto al Mar de Galilea o en el río Jordán donde Juan estaba bautizando. La fe de los apóstoles y de aquellos que creyeron el mensaje de los apóstoles descansaba sobre la base del testimonio dado concerniente al Cristo en el Antiguo Testamento. Ellos enseñaban el Antiguo Testamento y su historia y los eventos que habían experimentado tan recientemente en la compañía de Jesús de Nazaret como una historia.

    Este método de enseñanza es claramente evidente, empezando con el sermón de Pedro en el día de Pentecostés. Otro ejemplo clásico es el sermón de Esteban en el cual hace un relato del Antiguo Testamento empezando con Abraham. Esteban lleva su sermón al punto culminante con un breve recuento de la actitud de la nación de Israel hacia el Mensajero final de Dios, el Señor Jesucristo. Hechos 8 narra el episodio de Felipe cuando conoció al eunuco etíope que estaba leyendo Isaías 53. Felipe relacionó esta porción del Antiguo Testamento con los eventos que tan recientemente habían tenido lugar en el Gólgota y llevó a este hombre a comprender el Evangelio. (Véase también Hechos 2:22-36; 3:13-26;7; 10:34-43; 13:16-41; 17:2,3)

    La responsabilidad de la Iglesia

    Las Escrituras del Antiguo Testamento, que preparan la mente para ver la necesidad y propósito de la encarnación, han sido tristemente descuidadas por la Iglesia. Multitudes interpretan mal todo el propósito del ministerio y muerte de Cristo porque tienen poco, si acaso, entendimiento de las razones bíblicas para Su venida. Si quienes declaran el Evangelio en hogares, iglesias, estudios bíblicos y escuelas dominicales enseñaran los comienzos de la historia de la redención desde el Antiguo Testamento antes de enseñar su cumplimiento en el Nuevo Testamento, muchos más entenderían claramente la venida de Cristo como el plan de Dios para su salvación. Pero, mientras los cristianos sigan ignorando este divinamente revelado orden de enseñanza, la confusión en las mentes de muchos concerniente a Cristo y Su misión continuará.

    Los misioneros que han dedicado tiempo a enseñar a la gente los inicios en el Antiguo Testamento de la historia de Cristo y que han seguido cuidadosamente el despliegue del drama histórico hasta su consumación en el relato del Nuevo Testamento han dado testimonio de la gran claridad en la comprensión del Evangelio de parte de sus oyentes. En contraste, muchos se han lanzado casi inmediatamente a la historia de Cristo con poca preparación de la historia del Antiguo Testamento. Algunos, después de muchos años, han descubierto que su mensaje había sido aparentemente aceptado pero no verdaderamente comprendido.

     

    Bob [Roberto] Goddard escribió lo siguiente acerca de la gente de la tribu avá de Paraguay:

  • Los clérigos jesuitas establecieron colonias con muchos de estos indios hace más de 400 años. Luego, los jesuitas fueron desterrados por los líderes políticos, y las colonias indias fueron abandonadas. En aquellos días, los mamelucos del Brasil hicieron incursiones al Paraguay y tomaron a muchos indígenas como esclavos.
     
  •  “Los resultados de todo esto se reflejan en la cultura y creencias de esta gente avá. En cuanto a la religión, ellos están dispuestos a aceptar a Dios y a Jesucristo, como lo hicieron con los católicos hace muchos años. Simplemente los añaden a su innumerable lista de dioses, la cual crece continuamente. Esto era desconocido para nuestros misioneros cuando presentaron por primera vez el Evangelio a los avá. Como algunos de ellos estaban dispuestos a aceptar la enseñanza de los misioneros y profesaban ser cristianos, parecía haber progreso. Sin embargo, cuando los años pasaron y se observó muy poca evidencia de un cambio real en sus vidas, se descubrió que ellos no entendían el Evangelio.
     
  •  “Un estudio de su cultura nos ha llevado a la conclusión de que debemos empezar con Génesis y poner un fundamento sobre el cual edificar de manera que ellos puedan entender quién es Dios, qué es el pecado, cómo cayó el hombre por medio del pecado y cómo puede ser salvo solamente por la fe en el Hijo de Dios, Jesucristo.”
  • El Dios del cristianismo es el Dios de la historia. La fe de los cristianos se basa en los grandes hechos reveladores de Dios, comenzando con los actos de Dios de la creación y culminando en los hechos históricos redentores del Señor Jesucristo en Su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión a la gloria. Por tanto, así como era la responsabilidad de los maestros de Israel conservar viva para siempre la historia de Israel, en la cual Dios actuó, de una manera real y significativa como la base de la fe de todas las generaciones sucesivas de israelitas, también es nuestra responsabilidad enseñar, no solamente la historia del Nuevo Testamento de los hechos redentores de Dios en y por medio de nuestro Señor Jesucristo, sino también la historia del Antiguo Testamento en la cual Dios se reveló como el Dios de la creación, de juicio y salvación. Así como cada individuo israelita debía mirar atrás a los hechos de Dios en la historia como la base de su fe, así también nosotros. Por ejemplo, se nos ha dado la cena del Señor para que recordemos el hecho central de la historia de Dios sobre el cual descansa nuestra fe. “Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).
  • La Iglesia debe enseñar el contenido histórico de las Escrituras para que la gente no se dirija a ninguna experiencia personal subjetiva como su esperanza de salvación sino a la realidad objetiva del Dios vivo como Él se ha revelado a Sí mismo por medio de la historia bíblica y a las experiencias redentoras históricas de Cristo a su favor (2 Corintios 5:18-20). Cuando se ignora el contenido histórico de las Escrituras, la gente se absorbe en sus propias experiencias subjetivas en vez de enfocar las experiencias objetivas históricas salvadoras de Jesucristo en su lugar. Lo que los misioneros enseñan y destacan al enseñar a la gente tribal se convertirá en el fundamento y base de su fe. Si enfatizamos la experiencia personal, la gente mirará la experiencia interior como la base para ser aceptados por Dios. Pero si nuestro mensaje es historia bíblica, culminante en la obra histórica salvadora de Dios en Cristo, su fe dependerá completamente de la realidad de los logros de Cristo para ellos, aparte de sí mismos y de su propia experiencia. Pondrán sus ojos en la obra terminada de Dios en Cristo a su favor.

    El mensaje que se nos da en la Biblia para que lo llevemos al mundo no es una lista de doctrinas ni de temas acerca de Dios. Lo que declaramos es lo que en realidad sucedió en el tiempo y el espacio. Es real. Es un hecho. Es historia. Cuando dejamos a un lado o ignoramos el contenido histórico de las Escrituras en las cuales Dios se ha revelado y separamos las palabras de Dios de su contexto histórico, estamos pasando por alto la forma básica de la revelación de Dios. Además, estamos robándole a la Biblia su argumento más fuerte y su razón para ser reconocida y aceptada por el mundo como la única revelación auténtica de Dios. Dios ha dejado Su huella en la historia del mundo, no una, ni dos veces, sino repetidamente. Dios ha actuado. Dios ha hablado. Dios no ha dejado al hombre sin testimonio. Él se ha revelado al hombre a lo largo de la historia, no solamente como el Jehová del Antiguo Testamento sino también como el Jesucristo del Nuevo Testamento. Esto señala la diferencia básica entre la fe hebreo-cristiana y todas las demás religiones del mundo, tanto pasadas como presentes.

    Cuando se despoja a la teología cristiana de los hechos históricos de Dios y se presenta a los musulmanes, budistas, animistas o adherentes a las otras religiones del mundo como una lista de doctrinas abstractas, el cristianismo toma el aspecto de ser meramente otra de las muchas alternativas – la filosofía teológica del hombre blanco. Además, las doctrinas cristianas, tomadas aparte de su contenido histórico revelatorio, fácilmente se pueden adoptar y añadir al concepto de Dios y de la religión que ellos ya tengan. El resultado es la adaptación y el sincretismo, un matrimonio del paganismo y las doctrinas cristianas.

    La Biblia proclama que el Dios de la historia es el único Creador, todopoderoso Juez y Salvador del mundo (Isaías 43:9-17). Hay solamente una verdadera religión histórica, esto es, la religión de la Biblia la cual fue revelada y guiada a través de la historia por Dios mismo. Todas las demás religiones son falsas y son la obra engañadora de Satanás. La mayor protección contra el sincretismo, el malentendido, los falsos convertidos y la religión orientada a la experiencia, es la enseñanza de la Palabra de Dios como Dios la ha dado con todo su contenido histórico. Por tanto, no debemos enseñar un grupo de doctrinas separadas de su contexto histórico dado por Dios, sino más bien debemos enseñar la historia de los hechos de Dios así como Él ha elegido revelarse a Sí mismo en la historia. La gente puede desatender nuestras doctrinas así como también nuestra filosofía occidental de Dios, pero el relato de los hechos de Dios en la historia no se puede refutar.

    Dios usa esta presentación histórica bíblica de Sí mismo para convencer a la gente de la verdad de las Escrituras. Mediante ello, la gente entiende y se convence de que el Dios de los cristianos no fue creado por medio de las especulaciones y las vívidas imaginaciones de los filósofos hebreos o cristianos sino que Él es en realidad el Dios personal vivo quien estuvo y está involucrado en la historia del mundo entero. Él es el Dios que está aquí. Él es el Dios que les conoce personalmente y conocía sus ancestros, aunque ellos no hubieran oído nunca de Él (Hechos 17:24-29). Es de particular importancia que la gente de las tribus comprenda que el Dios cristiano no se origina en la mente de ningún líder religioso occidental ni es el producto de la invención de la religión cristiana.

    Éste, pues, debe ser el contenido de nuestro mensaje a las naciones, porque es el que Dios nos ha confiado. Mediante la enseñanza, hemos de hacer a todos los hombres conscientes de los hechos de Dios en la historia en los cuales Él se ha dado a conocer. Estas revelaciones históricas son para todos los pueblos y han sido recopiladas y preservadas por Dios como la base de la fe salvadora.

    Capítulo 6

     

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