|
Capítulo 1
Los planes del arquitecto
Con un sonido estruendoso se hendieron las paredes y se desmoronaron. El techo se pandeó y cayó a pedazos. Cada piso se desplomó sobre las plantas inferiores, aplastando, atrapando, y matando a los residentes. En unos pocos momentos, el alto edificio de apartamentos quedó reducido a escombros.
¿Cómo había sucedido el desastre? El edificio parecía fuerte. ¿Cuál fue la causa de su repentina destrucción?
Investigaciones posteriores revelaron que el constructor no había seguido los planos y especificaciones de construcción apropiados. Dispuesto a jugar con las vidas y la seguridad de seres humanos por amor al dinero, había hecho economías fraudulentas en cada parte de la construcción.
La profundidad del concreto había sido reducida y no se habían instalado todos los refuerzos de acero requeridos para los cimientos. Así, los cimientos resultaron inadecuados para la altura y peso del edificio. Las paredes y los pisos carecían de las varillas de acero necesarias para reforzar y sostener la construcción.
El constructor había desatendido las instrucciones que le habían sido dadas. Había seguido su propia voluntad porque era más fácil y rápida y le representaba mayor ganancia.
¿Los resultados? ¡Tristeza! ¡Destrucción! ¡Muerte!
Así como este constructor descuidadamente ignoró los patrones y las especificaciones de construcción, muchos cristianos alrededor del mundo descuidadamente desatienden los planos del Maestro Constructor para la edificación de Su Iglesia.
En la mayoría de los casos, la evangelización de masas y la evangelización personal, así como la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios, no se hacen conforme a los planes bíblicos dados a la Iglesia por el Arquitecto Divino. Muchos de quienes están comprometidos en la obra de la edificación de la Iglesia están tan absorbidos en sus propias ideas y esquemas que no se detienen a considerar si están trabajando conforme a las indicaciones divinas y si su obra pasará el escrutinio final de Dios.
Dios es el Constructor de Su Iglesia (Mateo 16:18). Pero Él ha escogido a Sus hijos terrenales para que sean Sus colaboradores (1 Corintios 3:9). El trabajo del cristiano en la edificación de la Iglesia es similar al de un contratista. Así como un contratista es responsable de seguir exactamente los planos que le ha dado el propietario del edificio, nosotros somos responsables de seguir los planos de Dios para la edificación de Su Iglesia.
Dios es el verdadero Hacedor de todas las cosas. “Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios” (Hebreos 3:4). Dios hace todo según Sus planes eternos. Él no cambia. Él nunca se acomodará a las ideas del hombre ni irá con los tiempos. Él nunca permitirá ningún cambio en las especificaciones que ha establecido para todo lo que Él ha planeado hacer en lo que llamamos “tiempo”. Su obra siempre tiene cimientos adecuados y Él edifica cuidadosa, paciente, y precisamente. Él rehúsa tomar atajos en lo que hace y nunca emplea materiales inferiores ni métodos contrarios a Su naturaleza santa y perfecta.
El primer relato en la Escritura de la obra constructora de Dios muestra cuando Él creó los cielos y la tierra. “Por la Palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca (…) porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (Salmo 33:6,9). Dios fue el Creador Constructor de todas las cosas, visibles e invisibles. La mentira de Satanás, la teoría de la evolución mañosamente enseñada a hombres necios e incrédulos, es contraria a la naturaleza y carácter de Dios. Con Dios nada queda al azar. Él siempre tiene pleno dominio y control de todas Sus obras. Todo fue creado conforme a Su plan perfecto, y Él declaró que todo esto era bueno (Génesis 1:31).
Posteriormente en las Escrituras tenemos el relato del mandato que Dios dio a Noé de construir un arca. Pero Dios no le mandó que construyera el arca para después dejarlo formular sus propios planes. Dios le dijo a Noé exactamente lo que debía hacerse; y Noé, fiel obrero de Dios, hizo todo como el Señor le había mandado hacer (Génesis 6:22).
Cuando Dios escogió morar con Israel, Él mandó a Moisés construir el tabernáculo. ¿Y cómo había Moisés de construirlo? “Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte”(Hebreos 8:5). Cada detalle, desde los zócalos de plata que sostenían las tablas del tabernáculo hasta las cubiertas exteriores de pieles de tejones, había de hacerse exactamente de acuerdo con el patrón divino mostrado a Moisés en el monte Sinaí. La Escritura nos asegura que Moisés fue fiel a quien lo constituyó (Hebreos 3:2). Sólo en una ocasión se nos dice que Moisés fue descuidado y no obedeció el claro mandato del Señor; por golpear, en vez de hablar a la roca, él fue privado de entrar a la tierra prometida (Números 20:7-12). ¡Cuán importante es hacer todas las cosas de acuerdo con el plan de Dios!
La obra de Dios; los cielos y la tierra, fue hecha por el poder de Su Palabra. Noé y Moisés siguieron la Palabra de Dios en todo lo que hicieron. La presente obra de Dios; la edificación de Su Iglesia, también está siendo llevada a cabo por medio de Su poderosa Palabra. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).
La construcción del universo fue la obra de Dios solo. Él no usó ningún agente angélico ni humano, pero la grandiosa obra de la edificación de la Iglesia, así como la obra de la construcción del arca y el tabernáculo, ha sido confiada a Sus hijos. “Tenemos este tesoro en vasos de barro” (2 Corintios 4:7). “Y me seréis testigos (…) hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). Dios ha decidido llevar Su Iglesia a plenitud por medio de la enseñanza de Su Palabra por parte de los miembros de la Iglesia.
Si el arca y el tabernáculo tuvieron que ser hechos exactamente conforme al plan de Dios, ¿no deberá la Iglesia también ser edificada de acuerdo con Su plan? Pues, la Esposa de Cristo es de mayor importancia que el arca o el tabernáculo. Él uso del arca llegó a su final, y el tabernáculo fue superado por el templo, pero la Iglesia ha de durar por toda la eternidad. Por lo tanto, “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:17).
Toda obra humana, con relación a la edificación de la Iglesia, habrá de ser probada por fuego. Vendrá bajo la mirada escrutadora del Gran Maestro Constructor cuyos siervos y colaboradores somos nosotros. “Porque nosotros somos colaboradores de Dios” y por tanto debemos ser sabios y tomar cuidadosa nota para ver si estamos haciendo nuestra labor como Él nos ha mandado (1 Corintios 3:9-23).
Pablo se refiere a sí mismo como perito arquitecto (1 Corintios 3:10). Él puso el fundamento del Evangelio sobre el cual se edificó la fe y la esperanza de los corintios, y advirtió a los maestros de la Biblia en Corinto que fueran cuidadosos con aquello que iban a edificar sobre los fundamentos bíblicos que él había puesto (1 Corintios 15:1-4).
¿Por cuál patrón juzgaba Pablo su propia obra y métodos de construcción y concluía que él era un perito arquitecto?
¿Cómo pueden otros constructores estar seguros de estar procediendo de la manera correcta y de que su trabajo hallará la aprobación divina? ¿Nos ha dicho Dios sólo qué enseñar en Su Palabra, o también nos ha mostrado cómo enseñar? ¿Cómo podemos estar seguros que el cimiento que ponemos, sobre el cual otros harán descansar su fe, los conducirá seguramente al cielo y estará firme en el gran día de la prueba? ¿Cómo podemos estar seguros de haber enseñado a los hijos de Dios todo lo que Dios quiere que sepan? ¿Qué pautas de supervisión usaremos para determinar si estamos progresando y si estamos llevando a cabo la obra de acuerdo con el plan divino? ¿Cómo pueden los que plantan iglesias saber si han hecho todo lo que han debido hacer? Estas preguntas ocupaban mi mente y guiaban mi búsqueda cuando, como nuevo misionero, yo era responsable de echar los fundamentos del Evangelio y edificar a los miembros individuales del cuerpo de Cristo en una remota isla de las Filipinas. Pasaron años antes de que comprendiera las respuestas a estas preguntas.
¿Por qué tardé tanto? Porque mi mente estaba cautivada por los métodos tradicionales de enseñanza bíblica. Las respuestas que necesitaba las encontré finalmente concentrando mi atención en la Palabra de Dios.
Después de que mis oraciones fueron contestadas y el Señor me mostró los principios de enseñanza que Él había usado e ilustrado a través de toda Su Palabra, Él me dio oportunidades para compartir estos principios con otros que igualmente buscaban soluciones. En 1980 enseñé un seminario para misioneros en las Filipinas. Estos principios de enseñanza bíblica entusiasmaron y captaron la atención de muchos misioneros que estaban luchando con problemas idénticos a aquellos que una vez enfrenté en la evangelización y fundación de iglesias. Estos misioneros regresaron a su trabajo con renovado entusiasmo, porque ahora tenían pautas más claras y metas precisas para su ministerio de enseñanza.
En Bolivia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Senegal, Tailandia y los Estados Unidos también se llevaron a cabo seminarios. Estos seminarios iniciales se concentraron en la evangelización, y cuando los misioneros regresaron a su trabajo y empezaron a seguir las pautas bíblicas para la evangelización, hubo resultados inmediatos y duraderos. Mediante la enseñanza de una visión cronológica de la historia bíblica, empezando en Génesis y concluyendo con la ascensión de Cristo, se establecieron cimientos firmes para la fe salvadora. Muchos nativos de varios grupos tribales han llegado a una comprensión clara de la naturaleza y carácter de Dios, de su propia pecaminosidad, impotencia, y falta de esperanza, y de la obra salvadora plenamente suficiente de Cristo por medio de Su muerte, sepultura y resurrección. Su comprensión del plan de salvación de Dios y la certeza de su fe sobrepasaron ampliamente las de muchos otros que anteriormente habían profesado conversión. Además, por medio de esta enseñanza cronológica, mucha gente sincera de la tribu, que previamente había profesado el cristianismo, se dio cuenta de que habían comprendido mal el mensaje de los misioneros cuando se lo habían enseñado antes y ahora confían en un mensaje que entienden claramente.
Uno de los primeros informes de gran bendición vino de Robert Kennell y George Walker. Ellos habían seguido estos métodos escriturales al enseñar la historia de la Biblia a la primitiva y anteriormente no contactada tribu bisorio en la región Sepik de Papúa Nueva Guinea . El pueblo bisorio respondió a un mensaje de las Escrituras que entendió claramente. La de ellos no es una fe ciega, basada meramente en lo que dice el hombre blanco. Más bien, se basa en una comprensión clara del Dios de la Biblia y de la historia de la redención.
¿Cuál es el más claro, más sencillo, y sin embargo más comprensivo método de enseñar la Palabra de Dios para preparar a la gente para la evangelización y enseñarles el camino de Dios para salvación? ¿Cómo debemos enseñar a fin de edificar a los hijos de Dios y llevarles al conocimiento de todo el consejo de Dios? Estas preguntas deben ser de gran importancia para nosotros, seamos profesores de seminario, pastores, misioneros, líderes de clases bíblicas, maestros de escuela dominical, pastores de jóvenes, o padres interesados que desean ver que a sus hijos se les enseñe la Palabra de Dios.
Cristo y Su Evangelio son los únicos fundamentos que Dios ha ordenado como objetos de la fe de los pecadores culpables (1 Corintios 3:11; 15:1,2). Pero hay gran confusión incluso entre cristianos respecto de estos fundamentos y de la manera correcta de establecerlos mediante la predicación de la Palabra de Dios.
En la construcción de cualquier edificio, los cimientos son la primera parte de la estructura que se prepara. La mayor parte de la predicación del Evangelio, sin embargo, se hace con muy poca preparación de los cimientos. Esta falta ha contribuido a una multitud de falsas profesiones y a la incertidumbre de muchos nuevos cristianos acerca de los fundamentos de su fe.
Otro error obvio de la educación cristiana ha sido el de dejar de enseñar la Biblia como un solo libro, así como Dios nos lo preparó a través de la revelación progresiva. Los bosquejos de enseñanza son ideados y preparados cuidadosamente, pero rara vez nos detenemos a considerar que la Biblia ya ha sido preparada para nosotros con un bosquejo de enseñanza incorporado que, si se sigue, nos dará una exposición clara, descomplicada, y comprensiva de toda la Palabra de Dios.
A menudo nos acercamos a la Biblia como si fuera un cofre lleno de preciosas y hermosas joyas. Suponemos que a estas piedras preciosas no se les ha dado ninguna forma ni diseño definitivo y pensamos que es nuestra la responsabilidad disponerlas en un orden que realce su belleza y las haga ser mejor apreciadas. Aunque reconocemos el valor de las Escrituras, presumimos que no hay un bosquejo de enseñanza definido, divinamente dado, que discurra a lo largo de la Palabra de Dios. Hecha esta deducción, procedemos entonces a disponer las Escrituras en lo que consideramos ser bosquejos lúcidos y comprensivos. Éste es un error básico que cometen muchos maestros bíblicos. Se pasa demasiado tiempo desarrollando métodos y teorías para la enseñanza bíblica, y se dedica tiempo insuficiente a la enseñanza sencilla de las Escrituras así como fueron escritas.
La mayor parte de la enseñanza cristiana enfatiza las doctrinas individuales de la Biblia en vez de presentar la Biblia como la revelación de Dios completa e interdependiente. Las herejías, las malas interpretaciones y el énfasis excesivo en ciertos pasajes bíblicos, y el denominacionalismo pueden, en la mayoría de los casos, atribuirse a esta falta de enseñanza bíblica panorámica y cronológica.
Después de muchos años de escuchar sermones doctrinales temáticos, sin secuencia, la mayoría de ellos basados en textos aislados, muchos miembros de iglesias todavía no conocen la Biblia como un solo libro. A menudo pueden conocer algunas doctrinas y versículos repetidos; pero las Escrituras, según su estructura histórica dada por Dios, rara vez se comprenden.
Lo mismo se puede decir de la mayoría de las escuelas dominicales. Por lo general a los niños les enseñan historias de la Biblia sin orden cronológico, y hay grandes porciones de la Palabra de Dios que nunca se les enseñan. Es poco probable que aun el alumno más fiel de escuela dominical se gradúe con un conocimiento completo de la Biblia.
Muchos misioneros extranjeros no han sido sabios al enseñar las Escrituras a personas sin ningún conocimiento bíblico previo. Apenas hacen unas modificaciones pequeñas a los métodos que se emplean en sus países de origen. Generalmente asignan un tiempo insuficiente a la enseñanza del trasfondo antiguotestamentario y los fundamentos del Evangelio. Con frecuencia, un sincretismo de creencias paganas y cristianas es el triste resultado. Muchos de los que han profesado el cristianismo en tierras extranjeras no entienden que el Evangelio y las Escrituras sean un solo libro. Muchos misioneros están tan prestos a predicar el Evangelio, que lo consideran una pérdida de tiempo innecesaria enseñar a la población tribal muchas porciones históricas de las Escrituras del Antiguo Testamento. No obstante, estas secciones históricas del Antiguo Testamento constituyen la base para una comprensión clara de la venida de Cristo y la necesidad de Su muerte, sepultura y resurrección. Las Escrituras del Antiguo Testamento, enseñadas correctamente, prepararán al corazón del pecador creyente para recibir el Evangelio con arrepentimiento genuino y fe verdadera.
Este libro registra mis frustraciones, mi búsqueda, y también mi gozo al descubrir principios divinos de enseñanza y pautas en la Palabra de Dios, así como también una clara, sencilla, y comprensiva manera de enseñar las Escrituras a los perdidos y a los hijos de Dios. A través de mis propias experiencias, pero lo que es más importante, sobre la base de la Palabra de Dios, me dedicaré a mostrar que las Escrituras fueron reveladas progresivamente por Dios en el contexto y marco de referencia de la historia; y, por consiguiente, la mejor manera de enseñar la verdad divina en cualquier cultura es la manera de Dios, dentro del marco de referencia histórico y cronológico de las Escrituras.
Éste y los tomos que siguen describen el extenso programa de enseñanza bíblica que se desarrolló a través de mi experiencia de enseñanza de las Escrituras en Australia y en el campo misionero mientras prediqué el Evangelio y luego infundí en los hijos de Dios una comprensión básica de la revelación completa de las Escrituras. El programa de enseñanza se ha dividido en siete etapas:
Etapa I. La evangelización. Un estudio general de la historia de la redención del Génesis a la ascensión.
Etapa II. Para nuevos creyentes. Un repaso desde Génesis hasta la ascensión, con diferentes temas y material fundamental adicional como preparación para enseñar de Hechos a Apocalipsis.
Etapa III. Para nuevos creyentes. Un estudio general de Hechos, con énfasis en el desarrollo de las iglesias del Nuevo Testamento como modelo, y la extensión del cristianismo de los judíos a los gentiles, desde Jerusalén hasta Roma.
Etapa IV. Para nuevos creyentes. Un estudio general del resto del Nuevo Testamento para establecer a los creyentes en el conocimiento de su posición y andar en Cristo y su función como iglesia local.
Etapa V. Para creyentes que maduran. Un estudio general de Génesis a la ascensión, con énfasis en los métodos de Dios para santificar y madurar a Sus hijos.
Etapa VI. Para creyentes que maduran. Una exposición detallada de Hechos.
Etapa VII. Para creyentes que maduran. Una exposición detallada del resto del Nuevo Testamento.
Este tomo echará la base bíblica de todo el programa de enseñanza, y los tomos siguientes proporcionarán los aspectos específicos de cada fase de enseñanza.
Capítulo 2
|